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Por: Patricia Navas

 

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Introductora del sintotérmico en España: “Los métodos naturales de planificación familiar, como el resto, dependen del método en sí, de su enseñanza y de su aplicación”

 

Entender la fertilidad combinada hombre-mujer permite a las parejas tomar decisiones más libres y autónomas, ejercer el discernimiento y compartir responsabilidades, explica Françoise Soler, quien introdujo el método sintotérmico en España en el año 1969.

 

En la siguiente entrevista a Aleteia, Soler indica la importancia de que estos métodos se ofrezcan a las personas y añade que pueden aprenderse con la ayuda de monitores, de escritos e incluso a través del asesoramiento on line.

 

– ¿Actualmente qué métodos naturales existen?

 

Hay métodos que usan un parámetro, por ejemplo:

 

1.La duración de los ciclos como base a cálculos: métodos Ogino, Knaus… y de los Días Fijos.

 

2.El moco cervical: método Billings -también llamado de la Ovulación-, el Método Modificado del Moco, el método del moco de la Organización Mundial de la Salud, el de los Dos Días…

 

3.La temperatura, medida al despertarse.

 

Otros usan dos parámetros:

1.Duración del ciclo más corto conocido y temperatura: el ciclo-térmico (conocido ya en los años cincuenta).

2.El moco cervical y la temperatura: el muco-térmico.

3.El Método de la Lactancia materna y la Amenorrea (ausencia de menstruación).


El método que usa todo -duración del ciclo más corto conocido, moco, temperatura y además de forma opcional la auto palpación cervical, así como otros síntomas- es el sintotérmico o de múltiples índices, ahora llamado Sensiplan en Alemania.

 

– ¿Cuáles cree usted que son los mejores, de todos ellos?

 

Las personas tienen que decidir por ellas mismas, según su situación y en función de su objetivo (conocer su fertilidad, concebir, evitar un embarazo), cuál quieren aplicar.

 

Las personas que imperativamente deben evitar un embarazo –por cardiopatía, cáncer, cesárea reciente o varias, etcétera- pueden aplicar las normas de la temperatura basal.

 

Las que quieren reunir la mayor eficacia con el mayor número de días diagnosticados infértiles aplicarán el sintotérmico.

 

A las que preferirían espaciar un nacimiento pero que bienvenido sería un bebé, la sola observación del moco cervical podría satisfacerles.

 

Para las que desean concebir, observar el moco cervical -que señala los días más fértiles- es muy interesante, claro que si observan más signos y síntomas, mejor aún.

 

Es interesante saber que entre el 16 y el 30% de las parejas tienen dificultad para concebir, y esta tasa aumenta con la edad de la mujer.

 

Sin embargo, no hay que olvidar que, según las investigaciones sobre las causas de la subfertilidad  el origen masculino se encuentra en un 40% de los casos.

 

¿Cómo se pueden aprender los métodos naturales de regulación de la fertilidad?

 

Hay libros y monitores que los enseñan en clínicas, Centros de Orientación Familiar diocesanos, consultas especializadas,…

 

Además, actualmente, con internet las personas interesadas pueden ser asesoradas enviando sus preguntas y sus gráficos fotografiados o escaneados a un/a monitor/a.

 

Desde el primer ciclo se le señalará sus días absolutamente infértiles, si desea evitar una concepción. Al cabo de 3 ciclos los usuarios suelen ser autónomos.

 

– ¿Son eficaces?

 

Hay métodos de planificación familiar natural muy efectivos y otros poco.

 

Las altas eficacias obtenidas por el método sintotérmico dependen del método en sí -porque usa varios parámetros-, de su enseñanza y de su aplicación (aspectos que también valen para cualquier anticonceptivo convencional).

 

Después del Sínodo de la Familia de 1980, los obispos de Alemania se informaron de la eficacia de distintos métodos naturales (en particular del método Billings y del método sintotérmico), así como de los días diagnosticados infértiles por cada uno, facilidad de aprendizaje, etc. Con esta información, decidieron apoyar la divulgación del sintotérmico.

 

Este método usa todos los indicadores de la fertilidad e infertilidad de un ciclo menstrual concreto. El último estudio abarca 900 mujeres y más de 17.000 gráficos. Por lo tanto, después de esta enseñanza global, una pareja puede elegir usar un método natural que se basa en sólo uno o dos indicadores.

 

– ¿Cuáles son las principales ventajas de este tipo de métodos naturales?

 

El saber no ocupa lugar. La información es poder. Juan XXIII en Pacem in Terris recalcó el derecho a la información. El entender la fertilidad combinada hombre-mujer permite a las parejas tomar decisiones más libres y autónomas, ejercer el discernimiento y compartir responsabilidades.

 

El informe de la meteorología nos enseña a reconocer lo que indican las nubes según su forma y color, la dirección del viento,… pues los métodos naturales nos enseñan a fijarnos en los signos naturales del ciclo menstrual y a entenderlos.

 

La fertilidad del varón es constante. La de la mujer, no; y cualquiera, incluso una ciega, es capaz de comprender su ciclo, y reconocer sus síntomas.

 

Las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta habían enseñado en 1978 el método sintotérmico a más de 20.000 matrimonios, en su mayoría analfabetas, hindús y musulmanas. Por eso estaba en el Sínodo de la Familia de 1980.

 

– ¿Cuáles son las bases científicas de los métodos de planificación familiar natural?

 

Enumero seis bases:

1. La ovulación se produce una vez en cada ciclo menstrual.
2. Cuando se dan varias ovulaciones en un mismo ciclo, son concomitantes: con un intervalo máximo de 24 horas entre la primera y la última liberación de un óvulo.
3. La ovulación se puede prever y diagnosticar con cierta precisión, independientemente de la irregularidad de los ciclos, gracias a la observación de signos y síntomas naturales relacionados con ella.
4. El óvulo es fecundable durante un tiempo inferior a las 24 horas.
5. Los espermatozoides pueden fecundar durante un tiempo conocido, no superior a los 5 días en presencia de moco cervical. (En ausencia de moco sobreviven en la vagina menos de 8 horas).
6. El ser humano es capaz de posponer la satisfacción de sus deseos; el sexual-genital entre otros.

 

– ¿Cómo podrían adquirir una mayor difusión estos métodos?

 

Lo importante es que se ofrezcan. Si las personas no saben que existen, no los solicitan. Es la ley de la oferta y la demanda. Hay bastante desconocimiento en torno a ellos, muchos aún tienen vagamente una idea del método Ogino de 1930.

 

Pienso que debería reconocerse el trabajo de Adela Vidal, una matrona que revisó en 2006 los capítulos que trataban de este tema en 90 libros a disposición de las futuras comadronas de la Escuela Universitarias de Barcelona. ¡Sólo el 7% de esos contenidos (6 capítulos) contenía información correcta!

 

Es necesario publicar para que los profesionales de la salud no repitan más adelante, en su dedicación a la población, mitos de décadas anteriores.

 

 

– ¿Qué opina de máquinas como Persona y Clear Blue?

 

Hay una tendencia a recurrir a máquinas y a vender… Algunas personas se confían más en el diagnostico de un aparato que en su propio juicio.

 

Pueden ser útiles, pero está demostrado que una buena enseñanza y aplicación del método sintotérmico es más de fiar que estos aparatos.

 

También ahora existen programas para los dispositivos móviles (tabletas, smartphones).

 

Me hace gracia cuando se me da como excusa de un fallo: “el «ordenador» se equivocó”. No: un ordenador hace tontamente (aunque muy rápidamente) lo que le ha mandado una persona.

 

Más información:

 

Tú decides cuándo tener un hijo. Françoise Soler. Editorial Integral.


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Por: Pablo Yurman

 

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O cómo el mundo - la mayor parte de él - se resiste a la imposición de la ideología de género

 

La palabra “género” se ha colado en el vocabulario cotidiano pero, como diría Jorge Scala en su obra La ideología de género, o el género como herramienta de poder, este fenómeno, que lejos está de ser meramente casual o producto de una moda idiomática pasajera, obedece a una manipulación interesada del lenguaje. Sabido es que quien se apropia, en términos de poder, del lenguaje, se asegura los casilleros iniciales de la partida.

Para muchas personas, “género” vendría a ser un modo elegante y fino de sustituir el vocablo sexo. Pero, a tenor de las definiciones de la Real Academia de la Lengua, no debe olvidarse que mientras las cosas (o las palabras) tienen género, las personas, en cambio, no poseen un género, sino un sexo determinado. Son masculinas o femeninas.

 

Por tanto, desde lo gramatical, decir que una persona tiene “género masculino” o “género femenino” es incorrecto.

 

Críticas de Rafael Correa

 

Las críticas que el presidente ecuatoriano y líder sudamericano Rafael Correa efectuó a la ideología de género, a fines de 2013, fueron prolijamente condenadas al silencio por buena parte de los medios de comunicación demostrando así una toma de posición en estos temas. No obstante, los medios ideológicamente jugados desde siempre con la nueva ideología, no dudaron en censurar duramente a Correa, tildándolo de “progresista-conservador” (ver la nota “Se les salió la correa”, Página 12, 10/01/2014).

 

Cabe señalar que lo primero que aclaró el mandatario fue el equívoco antes señalado, esto es, que el archi-invocado “género” no guarda vinculación alguna con las justas reivindicaciones de los derechos de las mujeres, señalando que “una cosa es el movimiento feminista por igualdad de derechos, que lo apoyamos de todo corazón. Pero de repente hay unos excesos, unos fundamentalismos en los que se proponen cosas absurdas. Ya no es igualdad de derechos, sino igualdad en todos los aspectos, que los hombres parezcan mujeres y las mujeres hombres”.

 

Tras esa aclaración, apuntó al meollo del asunto y agregó: “Lo que propone esta ideología es que básicamente no existe hombre y mujer naturales, que el sexo biológico no determina al hombre y a la mujer, sino las ‘condiciones sociales’. Y que uno tiene ‘derecho’ a la libertad de elegir incluso si uno es hombre o mujer. ¡Vamos, por favor! ¡Eso no resiste el menor análisis! ¡Es una barbaridad que atenta contra todo!”.

 

No es menor la referencia del líder ecuatoriano al género como ideología y no como una teoría o perspectiva. La ideología se caracteriza, y la que aquí se analiza lo es, entre otras cosas por partir de una premisa falsa, que este caso pasa por afirmar que habría un género distinto del sexo biológico y que incluso tendría primacía sobre éste. Y además una ideología no busca ni la verdad ni el bien de la persona o de la sociedad.

 

Finalmente, abordó Correa una arista que es generalmente soslayada en los análisis sobre este tema. Distinguió con valentía comunicacional que una cosa es la realidad concreta de una persona que merece todo la consideración por parte del resto, pero otra distinta es el accionar de ciertos lobbies tendientes más bien a imponer una particular mirada sobre este tema y que parecieran disfrutar teniendo a la sociedad como rehén de su discurso. Afirmó que “no es teoría, es pura y dura ideología, muchas veces para justificar el modo de vida de aquellos que generan esas ideologías. Que los respetamos como personas, pero no compartimos en absoluto esas barbaridades que académicamente, sí lo puedo decir, son barbaridades que no soportan el menor análisis y que destruyen la base de la sociedad, que sigue siendo la familia convencional”.

 

La familia tradicional

 

Las críticas de Rafael Correa a la ideología de género destruyeron automáticamente el estereotipo fomentado por los ideólogos según el cual los opositores a sus postulados son todos conservadores y tradicionalistas. Por eso no dudó el presidente en cerrar sus palabras enfatizando que defender que tanto familia como matrimonio no son conceptos modificables, según los caprichos de algunos, no es de izquierda o de derecha sino de razonabilidad y sentido común.

 

Si con lo de Correa el mal llamado “progresismo” autóctono ya había sufrido una indisposición pasajera, el pasado 3 de julio, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU le asestó un duro golpe al aprobar una resolución sobre “Protección de la familia” con una definición tradicional de dicha institución, reconociendo su importancia para la sociedad y para los individuos, y que los países deben fortalecerla y protegerla.

 

Según consigna el portal C-Fam, “la resolución no cae bien a los países que otorgan a personas del mismo sexo que viven en concubinato los mismos derechos que a las parejas casadas, o que les permiten que se casen. Algunas naciones, Estados Unidos entre ellas, rechazaron esa definición y aseguraron que la resolución pone en peligro los derechos de los individuos en las familias e intenta imponer un modelo único de familia.

 

Agrupaciones LGBT y quienes las respaldan en el consejo lucharon por evitar que la resolución sobre la familia fuera considerada. Su intento desesperado por incluir la clasificación «varias formas de familia» fracasó a último momento. La resolución fue aprobada por amplio margen, con 26 votos a favor, 14 en contra y 6 abstenciones. Fue recibida con estruendosos aplausos”.

 

De acuerdo con lo informado por el citado portal “Argentina sostuvo que es «imposible» definir la familia” y votó en contra de la resolución que favorece la protección de la familia real, alineándose sumisamente a los dictados de los representantes británico y norteamericano. La defensa de nuestra soberanía debería incluir una visión global de la misma y no sólo parcialmente acotada a los organismos de crédito internacional y fondos usureros. También en estos temas centrales está en juego el destino de nuestros pueblos, tal como pareciera advertir con claridad el presidente ecuatoriano siguiendo el ejemplo de países como Rusia, buena parte de Europa oriental y África que no temen en desafiar el discurso único pro-género.

 

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Por: Dante A. Urbina

 

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“La filosofía ha muerto”: estas son las rimbombantes palabras de Stephen Hawking en su libro, coautorado por Leonard Mlodinow, El Gran Diseño (1). Siendo Hawking probablemente el científico que más atención mediática recibe en nuestros días, analizar tal tipo de afirmación no es una cuestión menor. Y es que se ha institucionalizado en la mente de no pocas personas la idea de que la ciencia es la única forma de conocimiento válido, siendo la filosofía, por otra parte, pura palabrería y especulación inútil sin ninguna validez. La “excelsa ciencia”, por supuesto, solo se guiaría por la evidencia “pura y dura” y no dependería de las chácharas filosóficas. Así, una sociedad cognitivamente evolucionada, no debería basarse en el conocimiento teológico (religioso) ni metafísico (filosófico) sino únicamente en el conocimiento positivo (científico) conforme ya había planteado el padre del positivismo, Auguste Comte con su “ley de los tres estados” (2). Ergo, cualquiera que apele al conocimiento metafísico o, aún peor, al teológico, puede ser calificado de involucionado o arcaico. Y esa es, de hecho, la actitud que se ve en varios ateos y escépticos: considerarse a sí mismos los “hombres modernos” que se basan en el conocimiento científico y considerar a los creyentes como “arcaicos” o “medievales” por apelar al conocimiento teológico o metafísico. “Bah, esas son puras palabrerías filosóficas” o “bah, esas son ideas medievales”: muchas veces el creyente se encuentra tal tipo de respuesta frente a un argumento que ha construido en vez de propiamente una refutación lógica.

Pero, ¿es verdad que la filosofía ha muerto y su lugar ha sido plenamente tomado por la ciencia, como piensan Comte y Hawking? Pues no. Pensar que la ciencia puede seguir viva al mismo tiempo que la filosofía está muerta es una grandísima estolidez pues si la filosofía muere, la ciencia también muere. La ciencia no puede sobrevivir sin la filosofía. ¿Cómo así? Por una muy sencilla razón: porque hay varias formas en que la ciencia depende de la filosofía. Aquí desarrollaremos una cinco.

Primero, toda la ciencia depende de supuestos cuya demostración o dilucidación es exclusivamente filosófica. Por ejemplo, toda ciencia fáctica asume la existencia de la realidad como siendo algo objetivo. Cuando un físico estudia las propiedades de un planeta no lo hace como pensando que ese planeta es una mera creación de su mente, sino que lo estudia como algo realmente existente que su mente tiene que entender y/o descubrir. Entonces, está presuponiendo desde ya la existencia de una realidad objetiva. Pero tal cosa no puede ser probada científicamente. El físico puede hacer mediciones de longitud, peso, etc. para probar que esa realidad es objetiva, pero al aplicar tales mediciones ya está presuponiendo la objetividad de la realidad, ¡lo cual es precisamente el punto a demostrar!, o que nuestras percepciones se corresponden con la realidad, ¡lo cual es también un presupuesto filosófico! Y es que exactamente el mismo ejercicio científico de medición podría hacerse en un esquema en el que, por ejemplo, todo es un sueño (incluidas las “exactas” mediciones). Así que las mediciones y contrastaciones científicas no demuestran la existencia de la realidad, simplemente la presuponen y tal presupuesto corresponde al plano filosófico. Otro claro ejemplo puede ponerse con la noción de causalidad. La física, la química, la biología, etc. parten del supuesto de que existen relaciones causales objetivas entre las cosas que estudian. Sin tal supuesto, no tendrían sentido de ser. Así, resulta que todas las relaciones que establecen presuponen el principio de causalidad. No lo pueden probar en sí mismo ni en general sino solo lo pueden comprobar (presuponiéndolo) para casos particulares. ¿Puede haber una demostración de que el principio de causalidad es objetivo? Bueno, en mi libro ¿Dios existe? desarrollo una (3), pero resulta que no es científica sino filosófica.

 

Segundo, toda la ciencia ha de estructurarse necesariamente en términos lógicos. Los principios, leyes, teorías, teoremas, etc., deben, inescapablemente, respetar las leyes de la lógica (cuando alguien replica a esto “¡Oye, pero la física cuántica viola las leyes de la lógica!” inmediatamente sé que esa persona o no sabe bien de física cuántica o no sabe bien sobre lógica -o ambas cosas- pues, correctamente hablando, la física cuántica no es contra-lógica sino contra-intuitiva, que es algo distinto, siendo que sus principios se formulan siempre en términos lógicos. “Obviamente la mecánica cuántica no pone en duda de ninguna manera a las reglas de la lógica. La lógica es muy importante en la labor de hacer mecánica cuántica correctamente”, dice Sean Carroll, Ph. D. en Astrofísica por la Universidad de Harvard (4)). Como apunta Morán en su libro El Mito de la Neutralidad Científica, existe “una concepción general de la justificación de las proposiciones científicas, de acuerdo con la cual la ciencia tiene que responder únicamente ante dos tribunales: el mundo o realidad, que determina la verdad o falsedad de las proposiciones elementales, y la lógica, cuyas reglas nos permiten enjuiciar la verdad o falsedad de las proposiciones complejas elaboradas a partir de esas proposiciones elementales. Estos dos tribunales pueden identificarse, respectivamente, con los requisitos de correspondencia con la realidad y de consistencia interna de las afirmaciones de la ciencia” (5). Ahora bien, si la lógica es un tribunal para la ciencia (y el otro tribunal sería la realidad, lo cual conectaría con nuestro punto precedente) ello implica que la ciencia no está por encima de la lógica, tiene que ceñirse a esta. Pero la lógica en sí misma, que es lo que importa en este contexto (no tanto su historia, relación con el cerebro o incluso estructura), cae en el campo de estudio de la filosofía. En efecto, la cuestión de la naturaleza y justificación de los sistemas lógicos es algo que se dilucida a nivel metafísico.

 

Tercero, la ciencia requiere de la filosofía para definirse a sí misma. Esto se refiere a la cuestión de los llamados criterios de demarcación, es decir, aquellos que responden a la pregunta “¿Cómo determinamos si un determinado conocimiento es científico o no?”. Esta pregunta no puede ser respondida por la ciencia en cuanto tal pues ella misma es la que está en cuestión. En otras palabras, la ciencia no puede ser juez y parte en definir qué es ciencia y qué no. ¿Pero qué instancia establece y/o dilucida los criterios de demarcación? La epistemología, la cual es… una rama de la filosofía. Así tenemos, por ejemplo, el famoso criterio de demarcación de Popper, de acuerdo con el cual si una teoría es falsable (es decir, susceptible de poder ser demostrada falsa en la realidad empírica), entonces es científica; y si no es falsable, entonces no es científica. En ese sentido, cuando dos científicos discuten teorías contrarias, si su discusión va verdaderamente a fondo, terminarán discutiendo sobre epistemología. A ese respecto cabe mencionar una anécdota que tuve. Como se sabe, siendo yo autor del libro Economía para Herejes: Desnudando los Mitos de la Economía Ortodoxa (6), defiendo un enfoque heterodoxo en teoría económica. Pues bien, cierto día me enfrasqué en una discusión con un catedrático que defendía la postura contraria (ortodoxa). En concreto, se trataba de un relevante académico con postgrado en una de las mejores universidades de los Estados Unidos y la discusión (muy amigable y académica) duró cerca de dos horas. Lo interesante es que en varias ocasiones en que profundizábamos las diferencias entre enfoques y discutíamos cuál de dos teorías (casi diametralmente opuestas) sobre un mismo fenómeno era válida, había que entrar al plano filosófico y entonces yo pasaba a introducir cuestiones sobre validez, predicción, criterios de demarcación, etc. Ante esto mi contraparte siempre respondía: “No, no, no. Yo no me meto a esas cosas… Hace tiempo leí algunos libros filosóficos, pero ahora no le entro a ese tema”. Y lo que sucedía es que, en vez de avanzar en profundidad sobre el punto que estábamos discutiendo, se terminaba cambiando de tema (cosa que por supuesto señalaría e incluso restringiría explícitamente si se tratase de un debate formal en lugar de una conversación informal). Ello es una clara muestra de cómo, si de verdad escarbas mucho en la ciencia, terminarás “chocando” con la base, que es la filosofía (a menos que te “eches para atrás”, lo cual no sería más científico, sino menos científico).

 

Cuarto, la ciencia depende de la filosofía en cuanto esta última permite organizar racionalmente el marco conceptual e interpretativo en que se basa la primera. En efecto, los hechos no aparecen “desnudos” en la ciencia, sino que siempre se los ve primero desde algún tipo de marco conceptual previo y luego se los interpreta bajo perspectivas también previamente formadas. Y ello es inescapable: los “hechos brutos” siempre serán percibidos desde una mente. En otras palabras, no hay observaciones ateóricas. Pero si es inescapable y se trata de una condición abarca a la ciencia misma antes que ser abarcada por esta, la dilucidación respectiva debe estar fuera de la ciencia. Y es allí donde nuevamente entra el ámbito de la filosofía. Tomemos el ejemplo de físicos actuales como Lawrence Krauss (7) y el propio Stephen Hawking (8) quienes sostienen que el universo se creó a sí mismo de la nada. Estos físicos construyen hipótesis o modelos científicos con base en esta idea. Pero aquí el gran problema es: “¿A qué se refieren con ´nada´?”. Si uno revisa los escritos de ellos terminará encontrando que por “nada” entienden en realidad al “vacío cuántico” que, al ser orientable y dimensional, ya es algo. Ergo, se ve claramente que cometen una falacia del equívoco. ¿Y cómo se determinó esto? Pues no por medio de ciencia, sino por medio de filosofía. Y es que la filosofía juega un papel crucial en garantizar la claridad conceptual de las ciencias. De este modo, cuando algún científico desdeña la filosofía, tal como hace Stephen Hawking, se encuentra en un gran riesgo de caer en graves imprecisiones conceptuales en sus mismos planteamientos científicos y, como nos hace recordar John Lennox, profesor de matemáticas de la Universidad de Oxford, comentando el planteamiento de Hawking, “las tonterías siguen siendo tonterías incluso si son dichas por científicos de fama mundial” (9).

Quinto, toda la ciencia funciona y se desarrolla en términos de valores epistémicos implicados en ella en todo momento. ¿Qué valores son estos? Pues aquellos como verdad, certeza, consistencia, simplicidad, objetividad, poder explicativo, poder predictivo, etc. Ninguno de estos constituye en cuanto tal objeto de estudio de las ciencias sino que estas funcionan presuponiéndolos, aplicándolos y/o buscándolos como fines, siendo que se tratan de categorías eminentemente filosóficas. Y no como categorías meramente descriptivas sino con una fuerte carga valorativa. Como explica Morán: “Tomemos la verdad como ejemplo. Palabras como ´verdadero´ no se limitan a describir una oración de la ciencia del mismo modo que la palabra ´marrón´ describe el color de mis zapatos. La verdad es un concepto normativo, que separa ciertas afirmaciones que debemos aceptar o creer (al menos provisionalmente) de otras que debemos descartar. Otra forma solo ligeramente distinta de decir lo mismo, sustituyendo el vocabulario de la normatividad por el de la valoración, consiste en afirmar que valoramos de forma diferente las afirmaciones verdaderas y las falsas, o que la verdad es un valor para los científicos” (10).

 

Tenemos, por tanto, cinco claras razones que muestran que la filosofía no puede estar muerta y al mismo tiempo la ciencia estar viva pues la ciencia depende necesaria e indesligablemente de la filosofía. Por tanto, afirmaciones como las de Hawking de que “la filosofía ha muerto” constituyen una tremenda estolidez. Y a este respecto resulta irónico que la afirmación misma de que “la filosofía ha muerto” y que, por tanto, “los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento” (11) no es una afirmación científica ¡sino filosófica! En efecto, no es más que la expresión de una filosofía muy concreta conocida como cientificismo. Así que el “razonamiento” de Hawking, al devenir en autocontradicción, no solo es burdo sino también absurdo.

 

Referencias:

1. Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, El Gran Diseño, Ed. Crítica, Barcelona, 2010, p. 11.

2. Cfr. Auguste Comte, Discurso Sobre el Espíritu Positivo, 1844, Part. I, cap. 1.

3. Dante A. Urbina, ¿Dios existe?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer, Ed. CreateSpace, Charleston, 2016, p. 66. (https://danteaurbina.com/dios-existe-el-libro-que-todo-creyente-debera-y-todo-ateo-temera-leer/)

4. Sean Carroll, “(Meta)Physics”, debate contra Hans Halvorson, California Institute of Technology (EE.UU.), 2 de febrero del 2014.

5. Héctor Morán, El Mito de la Neutralidad Científica, Ed. Hozlo, Lima, 2005, p. 167.

6. Dante A. Urbina, Economía para Herejes: Desnudando los Mitos de la Economía Ortodoxa, Ed. CreateSpace, Charleston, 2015. (https://danteaurbina.com/economia-para-herejes/)

7. Lawrence Krauss, A Universe from Nothing, Free Press, New York, 2012.

8. Stephen Haking y Leonard Mlodinow, El Gran Diseño, Ed. Crítica, Barcelona, 2010.

9. John Lennox, “Stephen Hawking and God”, RZIM, November 23, 2010.

10. Héctor Morán, El Mito de la Neutralidad Científica, Ed. Hozlo, Lima, 2005, p. 171.

11. Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, El Gran Diseño, Ed. Crítica, Barcelona, 2010, p. 11.

 

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