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Por: Frank Morera

 

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Los Protestantes y las Sectas se han hecho un dogma basado en Romanos 10,9 para inventar la llamada “Oración de salvación” donde la persona dice que “confiesa que Jesús es el Señor”, después de hecho esto los protestantes declaran que esa persona es salva, como los católicos no hacemos eso nos consideran no salvos. Como casi todo lo de ellos esto es una manipulación Bíblica y la utilizan porque al no tener Sacramentos, tienen que hacer algo tangible para estar seguros de su salvación, pero hagamos una breve reflexión….

 

Los Padres Apostólicos (primera generación después de los Apóstoles) JAMAS mencionaron, en toda la historia de la Iglesia jamás se mencionó tal oración y aun más, los Padres de la Reforma Protestante NO lo mencionaron. ¿De dónde surge? Esta oración de «salvación» se puso de «moda» en el Siglo XX por medio de Billy Graham, y de organizaciones como Campus Crusade for Christ.

 

Ellos se basan en esta cita tomada de la traducción Reina Valera y dice así: Romanos 10, 9 «que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.» Esto suena muy bien y algunos católicos se confunden, pero ante todo, la Reyna Valera es una pésima traducción y así tenemos que el web protestante “Embajada del Reino” en su tema “38 Razones para no usar la Reina Valera 1960 (RV60)”

 

Llama la atención de que este versículo está mal traducido. Como dice el original traducido del Griego?, pues dice así: Romanos 10, 9 ““SI confesares con tu boca al Señor Jesús…” esto cambia todo. «SI» acá no está dando una orden de algo que hay que hacer para ser salvo, está expresando un deseo de que todo cristiano confiese a Jesús.

 

Notar que en muchas Biblias Católicas lo dicen de la forma errónea también. Curiosamente hasta la Revisión de 1909 de la Reyna Valera lo decía de la forma correcta, a partir de esta fecha surgió el dogma protestante de la Oración de Salvación, cosa no conocida en siglos anteriores por ellos.

 

La Biblia Nácar Colunga lo dice correctamente:

“9Porque si confesares con tu boca al Señor Jesús y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo.”

 

¿Que dice realmente el original en griego?

 

Romanos 10. 9

οτι→Porque εαν→si alguna vez οµολογησης→declaras

públicamente εν→en τω→la στοµατι→boca σου→de ti κυριον→Señor

ιησουν→Jesús και→y πιστευσης→confíes εν→en τη→el καρδια→corazón

σου→de ti οτι→que ο→el θεος→Dios αυτον→a él ηγειρεν→levantó

εκ→fuera de νεκρων→muertos σωθηση→serás librado

 

Tristemente ya la revisión de la Reina Valera de 1960 se altera para ajustar la Palabra de Dios al nuevo “Dogma surgido” y en esta revisión el peso del versículo se ve alterado, en griego y en todas las traducciones tradicionales.

 

Jesús es el Señor y nosotros lo confesamos, o sea lo PROCLAMAMOS. Se confiesa a Jesús, quien de por sí el Señor.

 

En la revisión de 1960 somos nosotros los que confesamos que Jesús es el Señor. Puede parecer similar pero no lo es. Acá es lo que confiesas (tu idea) no «A QUIEN confiesas» (la realidad de que Jesús es Señor).

 

Yo PIENSO Y CREO que Jesús es Señor. Tenemos que tener en cuenta para entender este pasaje que los primeros cristianos iban a la muerte CONFESANDO que «es Jesús y NO el Cesar el «Kyrios» o Señor», es en este sentido que San Pablo se lo declara a la Iglesia de Roma, no es un rito a realizar para ser salvo, es un llamado a los Romanos a NO negar a Jesús.

 

La misma estructura de estas cartas te indica los términos para la Salvación:

 

– CONVICCIÓN DE PECADO, Romanos 3 10, 23

– JUSTIFICACIÓN, Romanos 3 24,27

– BAUTISMO, Romanos 6 3,6

– SANTIFICACIÓN Romanos 6, 12,22

– TESTIMONIO, Romanos 9,10

 

Esto es lo necesario para ser salvo y no una oración fácil y rápida. San Pablo propone un camino de Santidad compuesto por muchos pasos a seguir por el que se encuentra con Jesús Señor.

 

La palabra «CONFESAR» proviene del griego “homologeo” tiene la connotación de «una responsable declaración pública por la cual se establece una relación legal mediante un contrato».

 

Homologeo significa: igual manera de pensar o estar de acuerdo, por lo que en este caso

 

“Confesar” quiere decir que sabemos, creemos y ESTAMOS DE ACUERDO que Jesús es el Señor porque hemos sido Bautizados, hemos sido JUSTIFICADOS, dejamos que el Espíritu Santo nos JUSTIFIQUE y por eso damos TESTIMONIO hasta con nuestra vida si es preciso.

 

Confesar con la boca no es más que saber que tenemos que predicar a Jesús en todo momento y en toda circunstancia, sea en la casa, sea en el trabajo, sea en la vida política y esto sin importar las consecuencias.

 

La palabra que significa lo contrario de “confesar” es la palabra “negar” (San Juan 1:20; Juan 2:22- 23). Confesar es decir “SÍ”; negar es decir “NO”.

 

Asumir que este pasaje es una sugerencia de que haciendo una simple oración eres salvo contradice la verdad que la fe que salva incluye el creer y el obedecer.

 

Por otra parte, la palabra “creyeres” proviene del griego “pisteuo” y es la forma verbal de pistis que quiere decir FE, significa «confiar en, tener fe en, estar plenamente convencido de, reconocer, depender de alguien».

 

Pisteuo es más que creer es tener dependencia y confianza lo que te lleva la OBEDIENCIA. Esto quiere decir que te sometes a la voluntad de Dios después que lo has proclamado públicamente Señor.

 

Si este pasaje donde “confesar” por medio de una oración te diera salvación, contradeciría a San Mateo 7:22-23:

 

“22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé:

Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

 

¿¿Estas personas habían CONFESADO a Jesús, pero sabes qué?? NO LO OBEDECÍAN por lo que Jesús no los confesos (reconoció) a ellos.

 

Lo que decimos, tenemos que vivirlo, tiene que concordar con nuestra vida. En la carta a Tito 1,16,

 

San Pablo describe a un grupo de personas que confiesan que ellos conocen a Dios. “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.”

 

¿Pero conocían a Cristo como Señor? Sus labios decían, “Sí, conocemos a Dios”. Pero sus vidas dicen, “No, no conocemos a Dios”. Estas personas nombran el nombre de Cristo, pero ellos no pertenecen a Dios.

 

Comparemos Romanos 10, 9“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor” con Filipenses 2:11

 

“Toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor” Acá está el énfasis, TODO tiene que hablar del Señorío de Jesús. Esa es la verdad que debe ser confesada por la boca del creyente.

 

La PALABRA “Señor” es la palabra griega “kurios”, que es la palabra que es usada consistentemente en el Antiguo Testamento para Adonaí Debemos confesar que Jesús es ADONAÍ o sea que ÉL es DIOS.

 

Nuestros Mártires desde Roma en el Siglo I hasta en Siria, Irak, Egipto, Sudan, Nigeria, Kenia, Paquistán, India y un largo etc. han muerto CONFESANDO que Jesús es Dios y Señor y nadie más, pero esto es producto de una oración instantánea?? ¡NO! Es que ellos han seguido en su vida el patrón expresado por San Pablo en Romanos:

 

– CONVICCION DE PECADO, Romanos 3 10, 23

– JUSTIFICACION, Romanos 3 24,27

– BAUTISMO, Romanos 6 3,6

– SANTIFICACION Romanos 6, 12,22

– TESTIMONIO, Romanos 9,10

 

No caigas en errores de falsas teologías de moda, la Salvación no es una oración…esa es una salvación fácil y el camino al cielo es difícil. Tú eres salvo porque has sido bautizado, porque has creído y porque has obedecido rectificando tu vida y tus desobediencias en el Sacramento de la Confesión. No te dejes engañar por las Sectas y sus recetas fáciles. Nuestra Iglesia tiene el camino difícil pero que llega al cielo.

 

¡QUE CONTENTO ESTOY DE SER CATÓLICO!

Frank Morera

Ministerio Siloe

 

Artículo cortesía de la página web www.apologeticasiloe.com

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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Por: P. Jon M. de Arza, IVE

 

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Pregunta:
No falta mucho para que comience la Cuaresma y estaremos prontamente preparando la liturgia para la Celebración de la Pasión del Señor, el próximo Viernes Santo.

 

Tengo un par de preguntas, sobre la Adoración de la Cruz:


1) ¿Podría una escolta de soldados romanos, con un par de tambores, entrar la Cruz al templo para la Adoración?
2) La Cruz ¿debe ser Crucifijo?
Gracias por su dedicación. Luis.

 

Respuesta:

 

Tampoco parece procedente hacer acompañar la Cruz por soldados romanos, puesto que no se deben mezclar las representaciones o dramatizaciones de la Pasión del Señor con la celebración litúrgica del Viernes Santo. La liturgia no es una mímesis o imitación crasa de los acontecimientos del Viernes Santo, sino que es presencia mistérica o anámnesis, de acuerdo a lo que enseña el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia(SCCDDS, 2002):


«Respecto a las representaciones sagradas hay que explicar a los fieles la profunda diferencia que hay entre una ‘representación’ que es mímesis, y la ‘acción litúrgica’, que es anámnesis, presencia mistérica del acontecimiento salvífico de la Pasión» (n. 144).

 

Por ejemplo, hablando de la procesión del «Cristo muerto», dice expresamente el mismo Directorio (y podríamos tomarlo como principio iluminador para nuestro caso): «143. Sin embargo, es necesario que estas manifestaciones de la piedad popular nunca aparezcan ante los fieles, ni por la hora ni por el modo de convocatoria, como sucedáneo de las celebraciones litúrgicas del Viernes Santo. (…).

 

Finalmente, hay que evitar introducir la procesión de ‘Cristo muerto’ en el ámbito de la solemne Celebración litúrgica del Viernes Santo, porque esto constituiría una mezcla híbrida de celebraciones».

 

Este es el riesgo, que se mezclen y desnaturalicen las cosas, tal como sucede con algunos que pretenden una «teatralización» de la Misa, cada vez más mimética de la Última Cena, y ¿quién pondrá límites a la inclusión de otros personajes históricos en la celebración litúrgica? Todas estas escenas podrán realizarse muy bien, en un Via Crucis o e una representación de la Pasión, pero en un campo extra-litúrgico, y es muy deseable que se tengan estas manifestaciones de nuestra fe.

 

Por su parte, el Misal Romano, dice en la rúbrica respectiva, que la Cruz sea acompañada de dos ministros con cirios encendidos.

 

En cuanto a lo segundo, si Cruz o Crucifijo:

 

El Misal Romano no dice nada de Crucifijo para el Viernes Santo, sino que habla de ostensión y adoración de la «Cruz». La Ordenación General del Misal Romano, indica que el sacerdote, en los ritos de entrada, «según las circunstancias, inciensa la cruz y el altar» (n. 49); y para el ofertorio: «el sacerdote puede incensar los dones colocados sobre el altar, y después la cruz y el altar mismo» (n. 75). Pareciera tratarse de una cruz simple, pero en otra parte, cuando se habla de los elementos que deben estar sobre el altar, apunta la misma OGMR: «Igualmente sobre el altar, o cerca del mismo, debe haber una cruz adornada con la efigie de Cristo crucificado. Los candeleros y la cruz adornada con la efigie de Cristo crucificado pueden llevarse en la procesión de entrada» (n. 117). Y, más adelante: «La cruz adornada con la imagen de Cristo crucificado y tal vez llevada en la procesión, puede erigirse cerca del altar para que se convierta en cruz del altar, la cual debe ser una sola; de lo contrario, déjese en un lugar digno» (n. 122).

 

Asimismo, en relación al ornato del altar, prescribe la OGMR: «Igualmente, sobre el altar, o cerca de él, colóquese una cruz con la imagen de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin obstáculos por el pueblo congregado. Es importante que esta cruz permanezca cerca del altar, aún fuera de las celebraciones litúrgicas, para que recuerde a los fieles la pasión salvífica del Señor».

 

Un dato interesante nos lo reporta la indicación sobre el gesto de adoración (la genuflexión) para la Cruz el Viernes Santo: «La genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra, significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual» (n. 274).  Lo que se adora aquí, propiamente, aunque con culto de latría relativa, es la Santa Cruz, no el Crucificado (puede verse este tema aquí).

 

Al no precisar la OGMR, como se hace más arriba (lo mismo que cuando se describe el rito, ya en el Misal Romano, como hemos visto), hemos de concluir que para la adoración del Viernes Santo, se trata sólo de la Cruz, sin la efigie de Cristo crucificado. Además, en la celebración litúrgica de la Pasión del Señor, luego de la solemne proclamación del Evangelio que relata la misma, se manifiesta mejor la muerte de Cristo al estar la Cruz desnuda, sin la imagen de Nuestro Señor. La Cruz sola corresponde mejor a la verdad del signo: se adora la cruz «donde estuvo suspendida la salvación del mundo» (como canta el sacerdote invitando a la adoración). Las oraciones, pues, hacen referencia a la Cruz y no a Cristo.

 

La Cruz Crucifijo recuerda la Pasión de Cristo, pero el momento de la Adoración de la Cruz es posterior a la misma Pasión, que litúrgicamente se celebró en la Primera Parte, con la Liturgia de la Palabra (más aún, teniendo en cuenta que el Viernes Santo no hay celebración sacramental del Sacrificio de la Misa). Se trata de un momento, podríamos decir, de exaltación de la Cruz, un paréntesis en el Viernes Santo, que luego tendrá su magnificación o celebración en «detalle», el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Cruz. El himno a la Cruz señalado en el Misal (el Pange Lingua), es un himno de gloria: «Que canten nuestras voces la victoria de este glorioso combate; que celebren el triunfo de Cristo en el nuevo trofeo de la cruz, donde el Redentor del mundo se inmoló como vencedor/Esta es la cruz de nuestra fe, el más noble de los árboles: ningún bosque produjo otro igual en ramas, flores y frutos».

 

Lo que venimos afirmando, está de acuerdo con el origen de este antiguo rito, que tuvo lugar en Jerusalén cuando fue encontrada la Santa Cruz de Nuestro Señor (s. IV). Reliquias de la misma fueron repartidas rápidamente, sobre todo a Roma, de manera que el rito suponía que se adoraban o veneraban las reliquias de la Santa Cruz. Nada hacía suponer que incluyera la imagen del Crucificado. Además, incluso como ornato del Altar, el Crucifijo entró recién en el s. XIV (Cf. RIGHETTI, M., Manuale di storia liturgica, Áncora, Milano 2005, 2ª Anastatica, I, 536).

 

Podemos concluir que para la santa Misa, debe utilizarse un Crucifijo, y para la Adoración de la Cruz, una simple cruz, aunque «suficientemente grande y bella», como pide la Carta Circular de la SCCDS, del 16/01/1988, sobre La Preparación y celebración de las fiestas pascuales.

 

P. Jon M. de Arza, IVE

 

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Por: Henry Vargas Holguín

 

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Se pueden incluir como excepción donde ha habido siempre tradición cultural y litúrgica en este sentido

 

El baile es un arte y como tal, por medio del cuerpo, es un medio para expresar o exteriorizar sentimientos humanos.

 

La danza es apta para transmitir la alegría, y para un creyente, cuando éste baila con fe, se podría hablar de la oración del cuerpo. Esta oración puede expresar alabanza y petición con movimientos.

 

Por eso es que entre los místicos encontramos momentos de danza como una expresión de la plenitud de su amor a Dios y de la alegría al estar en su presencia. Recordemos los casos, entre otros, de santa Teresa de Ávila, san Gerardo Maiella, san Pascual Bailón y san Felipe Neri.

 

Cuando el Doctor Angélico deseaba representar el paraíso, lo hacía como una danza por los ángeles y los santos.

 

En la misma cena de pascua judía se danzaba. Y Jesús participó de esa cena, (Mc. 14, 12 – 25) y muy seguramente danzó mientras cantaban los salmos.

 

Recordemos que el término ‘pascua’ proviene de pasja (transcripción griega y latina de la palabra hebrea, pesah); que  a su vez enlaza al verbo pasah, que significa «pasar», «saltar». De aquí viene el significado de ‘fiesta’ (danza) y ‘paso’, por eso en este tipo de celebraciones era común bailar.

 

Ahora bien, una cosa es orar con el cuerpo, involucrando todo nuestro ser y otra, muy diferente, es incluir el baile en la misa. La danza nunca ha sido parte integral del culto oficial de la Iglesia Latina.

 

Las decisiones conciliares condenan frecuentemente la danza religiosa porque no conduce mucho a la adoración y porque puede degenerar en desorden. Ninguno de los ritos cristianos incluye el baile, el baile no es conocido en el Rito Latino de la Misa.

 

Las danzas en la misa o lo que la gente llama «baile» son sólo una excepción (en rito etíope o en la forma zaireana de la liturgia romana es simplemente una procesión con orden rítmico, algo que se ajusta muy bien a la dignidad de la ocasión); como también es una excepción el baile dentro de la misa de la vigilia pascual del Camino Neocatecumenal.

 

Por tanto la danza no está prohibida de manera absoluta. A favor estas excepciones  recordemos la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, en la que –en el numero 37- se dan las normas de adaptación de la liturgia al carácter y tradiciones de varios pueblos:

 

“La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la Liturgia: por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos.

 

Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces lo acepta en la misma Liturgia, con tal que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico”.

 

Teóricamente se puede deducir de este pasaje que pueden ser introducidas en el culto católico ciertas formas o patrones de danzas; pero no serán nunca norma para la Iglesia universal.

 

En principio bailar no es una forma de expresión de la liturgia cristiana pues los bailes (los bailes cúlticos) son más propios de las distintas expresiones ‘pseudoreligiosas’ que tienen propósitos muy variados y diferentes, ninguno de ellos compatibles con el propósito esencial de la liturgia cristiana.

 

Es lógico concebir la posibilidad de que la danza forme parte de una acción litúrgica, ya que el cuerpo es parte del orante; y por esto la danza, para que sea oración, debe expresar sentimientos de alabanza y adoración, gozar de la presencia del Señor.

 

Pero, claro, la danza dentro de la misa o acciones litúrgicas es ‘bien vista’ sólo donde ha habido siempre tradición no sólo cultural sino litúrgica, sólo en algunos casos de tierras de misión en África o Asia, y ni siquiera cualquier tipo de baile o danza.

 

Por lo tanto, hay una gran diferencia entre culturas: lo que se ve o se aplica bien en una no puede ser admitida en otra.

 

Algunas formas de baile han sido introducidas dentro del contexto de la oración, pero la autoridad eclesial a este respecto ha puesto dos condiciones:

 

1. La danza debe estar regulada bajo la disciplina de la autoridad competente porque no todos los bailes o movimientos rítmicos del cuerpo acompañados por la música, aunque ayuden en la oración y sean expresión de fe, encajan dentro de la liturgia;

 

2. La danza debe ser un reflejo de los valores religiosos de la cultura y una clara manifestación de estos valores.

 

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