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Por: Sue Bohlin

 

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En este artículo voy a estar examinando cinco de las preguntas más grandes de la vida y cómo las contestan cada una de las tres cosmovisiones:

 

¿Por qué hay algo en vez de nada?

 

¿Cómo se explica la naturaleza humana?

 

¿Qué le pasa a una persona cuando se muere?

 

¿Cómo determinar lo que está bien y lo que está mal?

 

¿Cómo sabe Ud. que sabe? {1}

 

¿Por Qué Hay Algo en Vez de Nada?

 

La pregunta más básica de la vida bien puede ser, ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué hay algo?

 

Hasta María Von Trapp en la película The Sound of Music (La Novicia Rebelde) conocía la respuesta a esta pregunta. Cuando ella y el capitán se están cantando su amor mutuo en el mirador, ella canturrea, "Nada viene de la nada, nada jamás podría."

 

Pero el naturalismo, la creencia que dice no hay ninguna realidad más allá del universo físico, ofrece dos respuestas a esta pregunta básica. Hasta unos pocos años atrás, el deseo esperanzado del naturalismo era que la materia era eterna: el universo siempre ha existido y siempre existirá. No tiene ningún sentido preguntarse "por qué" porque el universo simplemente es. Fin de la discusión. Desafortunadamente para el naturalismo, la evidencia que ha surgido de nuestros estudios de la astronomía ponen en claro que el universo se está desenrollando, en un sentido, y en un punto estaba fuertemente enrollado. La evidencia dice que en un punto del pasado hubo un comienzo, que la materia, en forma muy definitiva, no es eterna. Ese es un problema importante para el naturalista que cree que todo lo que es ahora vino de la nada. Primero no había nada, y luego había algo, ¿pero la nada hizo que algo viniera a la existencia? ¿Cómo?

 

El panteísmo es la creencia que todo es parte de una gran "unidad." Proviene de dos palabras griegas: pan significa "todo" y theos significa "Dios." El panteísmo dice que todo es uno, todo es dios, y por lo tanto nosotros somos uno con el universo; nosotros somos dios. Somos parte de la divinidad impersonal que constituye el universo. Al contestar la pregunta ¿Por qué hay algo en vez de nada?, el panteísmo dice que todo tuvo un comienzo impersonal. El universo mismo tiene una inteligencia que se trajo a sí mismo a la existencia. El "algo" que existe es simplemente cómo se expresa la energía. Si han visto las películas de La Guerra de las Galaxias han visto las ideas del panteísmo representadas en ese campo impersonal de energía, "La Fuerza." Como el comienzo el universo tuvo un comienzo impersonal, la pregunta de "por qué" queda dejada a un lado. Igual que el naturalismo, el panteísmo dice básicamente, "Nosotros no tenemos una buena respuesta a esa pregunta, así que no vamos a pensar en ella."

 

El teísmo es la creencia de que Dios es un Creador personal y trascendente del universo - y de nosotros. Esta cosmovisión apareció en una camiseta que vi hace poco:

 

"Hay dos cosas en la vida de las que puedes estar seguro:

 

Hay un Dios

 

Tú no eres Él."

 

El teísmo contesta la pregunta ¿Por qué hay algo en vez de nada?, aseverando confiadamente que primero había un Dios y nada más, y que Él creo el universo simplemente haciendo que exista por su palabra. La oración con la que comienza la Biblia es una respuesta a ésta, la más básica de las preguntas. "En el principio creó Dios los cielos y la tierra."

 

¿Cómo Se Explica La Naturaleza Humana?

 

Otra de las grandes preguntas de la vida es ¿Cómo se explica la naturaleza humana? ¿Por qué los seres humanos actuamos así? En realidad, todo se reduce a ¿Por qué yo soy tan bueno y tú eres tan malo?

 

Durante la Segunda Guerra Mundial una joven adolescente judía llevó un diario durante los años en que ella y su familia se escondieron de los Nazis en un apartamento secreto de una casa en Amsterdam. El diario de Ana Frank exploró en forma conmovedora la forma en que trataba de decidir si la gente era básicamente buena o básicamente mala. Las acciones de bondad y de bendición parecían indicar que la gente era básicamente buena; pero entonces, al día siguiente, Ana se enteraría de todavía otro hecho barbárico de depravación y de tortura, y pensaría que tal vez la gente era básicamente mala, después de todo. Después de leer su diario, recuerdo haber llevado a cabo una búsqueda de una respuesta en mi propia mente y no haberla encontrado hasta que confié en Cristo y aprendí lo que decía Su Palabra acerca de esto.

 

El naturalismo dice que los humanos no son nada más que animales socialmente evolucionados. No hay nada que realmente nos separa de otros animales, así que todo nuestro comportamiento puede ser explicado en términos de hacer lo que nos ayude a sobrevivir y reproducirnos. Su único propósito en la vida, dice el naturalismo, es hacer bebés. Y, de no hacerlo, ayudar a aquellos que comparten sus genes a hacer bebés. Es algo que lo ayuda a saltar de la cama a la mañana, ¿no es cierto?

 

Otra respuesta del naturalismo es que nacemos como pizarras en blanco, y nos convertimos en lo que sea que se escribe sobre esas pizarras. Podría usted incorporar algunos factores genéticos en la mezcla, en cuyo caso la naturaleza humana no es más que el producto de nuestros genes y de nuestro medio ambiente.

 

El panteísmo explica la naturaleza humana diciendo que todos somos parte de un dios, pero nuestro problema es que nos olvidamos que somos dios. Sólo necesitamos ser reeducados y empezar a vivir como el dios que somos. Nuestra naturaleza humana será realzada cuando logremos lo que los panteístas llaman la "conciencia cósmica." De acuerdo con el pensamiento de la Nueva Era, el problema con los humanos es que sufrimos de una forma colectiva de amnesia metafísica. Sólo necesitamos despertarnos y recordar que somos dios. Cuando la gente es mala (que es un resultado de olvidarnos que somos dios) el panteísmo dice que pagará por ello en la próxima vida, cuando sea reencarnada como algo menos espiritualmente evolucionado que su vida presente. Yo tenía una amiga budista que se rehusaba a matar insectos en su casa porque decía que habían sido malos en sus vidas anteriores y habían vueltos como bichos, y no le correspondía a ella desarreglar su karma en forma prematura.

 

La cosmovisión cristiana da la respuesta más satisfactoria a la pregunta, ¿Cómo explica la naturaleza humana? La Biblia enseña que Dios nos creó para que fuéramos portadores de Su imagen, lo cual nos hace distintos de todo el resto de la creación. Pero cuando Adán y Eva escogieron rebelarse en desobediencia, su caída en el pecado distorsionó y arruinó la Imagen sagrada. El hecho de que somos creados en la imagen de Dios explica las cosas nobles, creativas y positivas que podemos hacer; el hecho de que somos pecadores a los que nos encanta desobedecer y rebelarnos contra el lugar legítimo de Dios como Rey de nuestras vidas explica nuestro comportamiento malvado, destructivo y negativo. Tiene sentido que esta visión bíblica de nuestra naturaleza humana revela las razones de por qué la humanidad es capaz de producir tanto la Madre Teresa como el holocausto.

 

¿Qué Ocurre Después de la Muerte?

 

En la reciente película, Flatliners, los estudiantes de medicina tomaban turnos para pararse el corazón unos a otros para darse una oportunidad de experimentar lo que ocurre después de la muerte. Luego de unos pocos minutos resucitaban al viajero metafísico quien les decía a los otros lo que había visto. La razón para dedicarse a un experimento tan peligroso fue explicada por el estudiante de medicina que lo pensó primero: "¿Qué ocurre después de la muerte? La humanidad se merece una respuesta. La filosofía falló; la religión fallo. Ahora les toca a las ciencias físicas."

 

Bueno, tal vez la religión falló, pero el Señor Jesús no falló. Pero primero, veamos cómo contesta la pregunta el naturalismo.

 

Dado que esta cosmovisión dice que no hay nada fuera del espacio, el tiempo y la energía, el naturalismo insiste que la muerte resulta en la extinción de la personalidad y la desorganización de la materia. Las cosas simplemente dejan de vivir y empiezan a descomponerse. O, como dijo mi hermano cuando estaba en su fase atea, "Cuando te mueres, eres como un perro al costado del camino. Estás muerto, y eso es todo." Para el naturalista, no hay vida después de la muerte. El cuerpo se recicla de nuevo a la tierra y las energías mentales y emocionales que comprendían a la persona se desintegran para siempre.

 

El panteísmo enseña la reencarnación, la creencia de que toda la vida es un ciclo interminable de nacimiento y muerte. Después de la muerte, cada persona renace como alguien, o algo, distinto. Su persona reencarnada en la próxima vida depende de cómo vive esta vida. Este es el concepto del karma, que es la ley de causa y efecto en la vida. Si usted hace elecciones malas o insensatas, tendrá que quitarse de encima ese karma malo renaciendo como algo parecido a una rata o una vaca. Si es realmente malo, usted podría regresar como una termita. Pero si es bueno, volverá como alguien que puede ser maravilloso o poderoso. Los seguidores de la Nueva Era a veces pasan por algo que llaman "terapia de las vidas pasadas" que los regresa más allá de esta vida, más allá del nacimiento, y hacia vidas anteriores. Creo que es interesante que la gente siempre parece haber sido alguien encantador como Cleopatra y ¡nunca alguien como un recolector de residuos o un verdugo!

 

El teísmo maneja la pregunta, ¿Qué le ocurre a una persona después de la muerte? con un respuesta tan sencilla y directa que la gente ha estado tropezando con ella por miles de años. La muerte es una puerta que envía a la persona a la dicha eterna con Dios o la lleva directamente a un sitio horrible de separación eterna de Dios. Lo que determina si uno va al cielo o al infierno es la forma en que respondemos a la luz que Dios nos da acerca de Su Hijo, Jesucristo. Cuando confesamos que somos pecadores necesitados de una misericordia que no merecemos, y confiamos en el Señor Jesús para salvarnos no sólo de nuestro pecado sino de la ira que acarrea el pecado sobre nosotros, Él viene a vivir dentro de nosotros y nos lleva al cielo para estar con Él para siempre cuando nos morimos. Cuando permanecemos en rebelión contra Dios, ya sea en forma activa, desobedeciéndolo, o ignorándolo pasivamente, las consecuencias de nuestro pecado quedan sobre nosotros y Dios nos permite mantenerlas por toda la eternidad - pero separados de Él y de toda vida y esperanza. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! (Hebreos 10:31). ¡Pero es una cosa deliciosa caer en los brazos del Amante de nuestras almas, quien ha ido delante nuestro para preparar un lugar para ti! ¿Cuál elegirás?

 

¿Cómo Determina Uno lo que Está Bien y lo que Está Mal?

 

Una de las grandes preguntas de la vida es, ¿Cómo determina uno el bien y el mal? Steven Covey, autor de Seven Habits of Highly Effective People (Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva), apareció en el show de Oprah Winfrey un día. Le pidió a la audiencia en el estudio que cerrara sus ojos y apuntara hacia el norte. Cuando abrieron sus ojos, había varios cientos de brazos apuntando en direcciones completamente diferentes. Entonces el señor Covey sacó una brújula y dijo, "Así es como sabemos en qué dirección está el norte. Usted no lo puede saber desde adentro suyo." Él utilizó una lección objetiva poderosa para ilustrar la forma en que el teísmo contesta esta gran pregunta en la vida.

 

El naturalismo dice que no hay ningún absoluto fuera de nosotros. No hay ninguna autoridad final porque el espacio, el tiempo y la energía son todo lo que existe. No hay tal cosa como el bien y el mal porque no hay nadie que determina el bien y el mal. Así que el naturalismo trata de manejar el tema de la ética proveyendo varias respuestas insatisfactorias. Una, es la creencia de que no hay elección libre, que todos nuestros comportamientos y creencias están impulsados por nuestros genes. Estamos tan determinados en nuestro comportamiento como el más pequeño de los animales o insectos. Otra, es la creencia que nuestros valores morales están determinados por lo que es; la forma en que las cosas son es la que debe ser. Si usted está siendo abusada por su esposo, esa es la forma en que las cosas son, así que es la forma en que debe ser. Aun peor es el concepto de la ética arbitraria: el poder otorga la razón. Los matones son los que deciden cómo deben ser las cosas porque son más fuertes o malvados que cualquier otra persona. Eso es lo que pasa en los regímenes totalitarios; la gente con el poder decide lo que está bien y lo que está mal.

 

El panteísmo dice que no hay tal cosa como el bien o el mal último, porque todo es parte de un gran todo no-diferenciado donde lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, son todos parte de la unidad del universo. ¿Se acuerdan de "La Guerra de las Galaxias"? La Fuerza era a la vez buena y mala. El panteísmo niega una de las reglas básicas de la filosofía, que es que dos cosas opuestas no pueden ser ambas verdaderas a la vez. Como el panteísmo niega que existan los absolutos, cosas que son verdaderas todo el tiempo, sostiene que el bien y el mal son relativos. El bien y el mal están determinados por las culturas y las situaciones. Así que asesinar al bebé sin nacer de una persona puede estar bien para una persona y mal para otra.

 

El teísmo dice que hay tal cosa como la verdad absoluta, un bien y un mal absoluto. Podemos saber esto porque esta información nos ha llegado de una fuente trascendente fuera de nosotros y fuera del mundo. El teísmo dice que el Dios que nos creó también nos ha comunicado ciertas verdades. Él se ha comunicado en forma general, a través de Su creación, y se ha comunicado específicamente y en forma comprensible a través de Su Palabra, la Biblia. Llamamos a esto revelación. El teísmo dice que la verdad absoluta está enraizada en Dios mismo, quien es un Absoluto; Él es la Verdad. Como Creador, Él tiene el derecho de decirnos la diferencia entre el bien y el mal, y Él se ha preocupado mucho en comunicarnos esto.

 

Es por eso que la ilustración de Steven Covey es tan poderosa. Cuando sacó una brújula, mostró que necesitamos una fuente trascendente de información, algo fuera de nosotros y que es fijo y constante, para mostrarnos el equivalente moral del "norte." Nosotros somos criaturas creadas para ser dependientes de nuestro Creador para la información que necesitamos para vivir la vida en forma correcta. Dios nos ha dado una brújula en la revelación.

 

¿Cómo Sabe Uno Que Sabe?

 

Esta pregunta no suele aparecer en la cafetería o durante el almuerzo del trabajo, y hasta el niño más preguntón normalmente no la hará, pero es una pregunta importante no obstante: ¿Cómo sabe uno que sabe?

 

Hay una gran escena en la película Terminator 2 donde el pequeño niño al que el terminador cyborg ha sido enviado para proteger está siendo amenazado por un par de matones. El terminador está a punto de destruir a uno de ellos cuando el niñito grita, "¡No puedes hacer eso!" El terminador - Arnold Schwarzenegger- pregunta, "¿Por qué no?" "¡Tú no puedes andar por ahí matando gente!," protesta el niño. "¿Por qué no?" "Créeme," dice el niño, "no lo puedes hacer." Él sabía que estaba mal matar a otro ser humano, pero no sabía cómo era que sabía. ¡Hay muchas personas en nuestra cultura así!

 

El naturalismo, al creer que no hay nada más allá del espacio, el tiempo y la energía, contestaría la pregunta apuntando a la mente humana. El pensamiento racional - razonar las cosas en forma deductiva - es una forma importante mediante la cual adquirimos conocimiento. La razón humana es un método suficientemente bueno para averiguar lo que necesitamos saber. La mente es el centro de nuestra fuente de sabiduría. Otro camino hacia el conocimiento es mediante la acumulación de datos científicos duros a partir de experiencias observables y medibles. Esta visión dice que la fuente de nuestro conocimiento se encuentra en nuestros sentidos. Sabemos lo que podemos percibir a través de lo que podemos medir. Dado que el naturalismo niega cualquier sobrenaturalismo (todo lo que esté por encima o fuera del mundo natural), lo que la mente humana puede razonar y medir es el único patrón para adquirir conocimiento.

 

El panteísmo estaría de acuerdo con esta evaluación de cómo sabemos que sabemos. Los seguidores del panteísmo tienden a darle mucha importancia a la experiencia personal. La seguidilla de experiencias cercanas y posteriores a la muerte de los últimos años, por ejemplo, son extremadamente importantes para los de la Nueva Era. Estas experiencias normalmente dan validez a los preconceptos del pensamiento panteísta, que niega absolutos como la doctrina cristiana de que Jesús es el único camino a Dios. Las experiencias de la terapia de vidas anteriores han persuadido hasta a algunos cristianos a creer en la reencarnación, a pesar de que la Biblia niega explícitamente esta doctrina, porque la experiencia personal es a menudo considerada la forma más valida de conocer la realidad.

 

El teísmo dice que, si bien la razón y la percepción humanas son formas legítimas de adquirir conocimiento, no podemos depender de estos métodos solamente, porque no son suficientes. Se requiere que alguna información nos sea dada desde afuera del sistema. Un Revelador externo provee la información a la que no podemos acceder de ninguna otra forma. La revelación - la verdad revelada de Aquél que lo conoce todo - es otra forma, no sólo legítima sino necesaria, de conocer algunas cosas importantes. La revelación es cómo sabemos lo que ocurrió cuando la tierra, el universo y el hombre fueron creados. Por la revelación sabemos lo que Dios quiere que hagamos y seamos. Por la revelación podemos saber cómo terminará el mundo y cómo será el cielo. La revelación en la forma del Señor Jesucristo es la única forma en que podemos experimentar a "Dios con su piel puesta."

 

Las respuestas del naturalismo son inadecuadas, deprimentes e incorrectas; las respuestas del panteísmo son resbalosas, no cuadran con la realidad e incorrectas; pero el teísmo - la cosmovisión cristiana - está lleno de esperanza, es consistente con la realidad y resuena en nuestras almas como muy, muy correcto.

 

Notas

{1}Estas preguntas fueron tomadas del libro de James W. Sire, The Universe Next Door (El Universo de al Lado), (Downers Grove, Ill.:InterVarsity Press), 1977.

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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Por: Steve Ray

 

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Mi madre me preguntó, “¿Quisieras cincuenta centavos?” a lo que respondí de inmediato, “Me encantaría.” Qué pregunta más ingenua para un niño de ocho años. Claro que me gustaría obtener cincuenta centavos. Cincuenta centavos significaban mucho dinero cuando era pequeño. Mi madre continuó, “Aquí está un verso de la Biblia que quiero que memorices y cuando lo puedas recitar perfectamente, te daré el dinero.” Y así fue como por primera vez me aprendí y memorice algunos de los pasajes más conocidos de la Biblia. Memorice todo el Salmo 23, “El Señor es mi pastor...” Me aprendí el Salmo 119:105, “Su palabra es una lámpara para mis pies, y una luz para mi camino,” lo cual era un constante recordatorio del lugar de supremacía de la Biblia en mi vida, la única regla de fe y práctica.

 

    Por supuesto el verso más importante a memorizar por un niño Evangélico Protestante es Juan 3:16. Es un verso que encapsula el Evangelio de Cristo en un elegante y significante enunciado, un enunciado que alcanza el corazón de Dios y explica la esencia de la historia de la salvación en veinticinco palabras. La clave de estas palabras sobresalen con clara rigidez: amó, dio, creyó, pereció y tiene. Podemos poseer (tener) algo gracias al acto de amor de Dios y a la respuesta del hombre. El acto de amor de Dios abrió, y en otras ocasiones cerró, una puerta empernada, dotando al hombre del escape de la condena eterna y una oferta de vida eterna.

 

    Nadie acepta la Biblia o cualquier otra información por ese motivo, con completa objetividad, sin una tradición y una mente predispuesta por la cual la información es filtrada. El año pasado, antes de acoger la religión católica, mi esposa y yo, tanto como nuestros amigos Evangélicos, nos aferrábamos a las tradiciones fundamentalistas de creencia en sólo Cristo y justificación por fe propia.

 

    Recientemente fui abordado por un fundamentalista que decía que "Abraham creyó en Dios y fue hecho justificado (Gen. 15:6), y como la palabra creyó está en tiempo pasado, significaba que Abraham fue salvado en el instante en que él creyó en Dios". Supuestamente Abraham fue salvado y tuvo seguridad eterna desde ese punto en el tiempo, desde su asentimiento de fe en un-punto-en-el-tiempo. Luego este amigo fundamentalista se movió a Juan 3:16 y ató la creencia de Abraham a nuestra creencia en Cristo.

 

    Hay un cambio interesante con este verso que parece eludió mi amigo fundamentalista. Le pregunté si alguna vez había observado con detenimiento al tiempo de los verbos de acción en Juan 3:16. No lo había hecho y porque su tradición le dice que la creencia-en-un-punto-del-tiempo es la base de la salvación, él automáticamente asumió que Juan enseñaba que por un asentimiento mental-momentario en Cristo, uno podría asegurarse la vida eterna y garantizarse un lugar en el Cielo. Separé el verso para darle la información que había omitido, la cual yo mismo había omitido toda mi vida antes de entrar en la Iglesia Católica.

 

    Primero una nota sobre las palabras de acción. En griego, el lenguaje del Nuevo Testamento, existen diversos tiempos para los verbos. Discutiremos dos: aoristo y presente (ver las notas al final de este artículo). El tiempo aoristo describe un punto en el tiempo. Es tan simple como eso. El Presente es lo actual, la acción actual presente. También es tan simple como eso. El aoristo es representado por un punto (.). El presente es representado por una línea continua (-----). Ahora, con este simple entendimiento, veamos Juan 3:16:

 

Juan 3:16 “Porque tanto amó (aoristo, un punto en el tiempo pasado) Dios al mundo que dio (aoristo, un punto en el tiempo pasado) a su Hijo único, para que todo el que cree (presente, acción progresiva) en él no perezca (aoristo, un punto en el tiempo), sino que tenga (presente, actual, acción progresiva) vida eterna.” (KJV)

 

    ¿Interesante, eh? El tiempo presente “todo el que crea esta creyendo en El” pone una luz diferente al verso. Uno podría esperar que la palabra creer fuese en aoristo, para enseñarle a su acto de “de-una-vez-por-todas”, un evento de “un-punto-en-el-tiempo”. Yo solía decir, “Creí en Cristo en tal y cual fecha por lo que ahora sé que estoy salvado.” Pero ahora digo, “Creí en Cristo, creo en Cristo y estoy siendo salvado”. Uno podría preguntar por qué el evangelista cambió al tiempo presente, un verso lleno de indefinidos. El tiempo presente implica creer continuamente, un proceso de creencia y no el pasado asentimiento mental en el que una vez pensé.

 

    Noten que “tenga vida eterna” está también en el tiempo presente. No dice tendrá vida eterna en el pasado o en el futuro, pero que regularmente estará logrando la vida eterna. Un gramático griego explica el tiempo presente de esta manera, dice, “El tiempo presente es básicamente lineal o durativo, incursionando en su tipo de acción. La noción durativa puede ser expresada gráficamente por una línea no partida (_), desde que la acción es meramente continua. Esto es conocido como presente progresivo. Se encontrarán refinamientos de esta regla general; sin embargo, la distinción fundamental no será negada.” Aquel que está actualmente, habitualmente y continuamente creyendo... estará (actualmente y al presente) teniendo vida eterna. Necesitamos tener cuidado con la interpretación de la Biblia, por que lo que uno cree y entiende tienen consecuencias eternas.

 

    ¿Significa la palabra creer un mero estado de asentimiento mental? El término bíblico creer no puede ser reducido simplemente a una aceptación mental. Si estudiamos los libros sagrados en conjunto, durante la larga historia de Israel, veremos que con la palabra creer se quieren trasmitir también los conceptos de obediencia y confianza. Kittel dice “pisteuo significa ‘confiar’ (también ‘obedecer’)...” Vines dice, “... confianza en, no mera aceptación...” 

 

    Esto se confirma con la declaración de Juan el Bautista en Juan 3:36 “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer (apeitheo) en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.” (KJV). La palabra apeitheo se entiende, con todos los buenos traductores y comentadores, como desobediencia. Lo opuesto (antónimo) de creer es desobedecer. El verso en el RSV dice “El que cree (“está creyendo”, tiempo presente) en el Hijo... el que desobedece (“esta desobedeciendo” tiempo presente) al Hijo...” La NASB traduce el verso como sigue: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él”. Kittel claramente define apeitheo como “ser desobediente.” La palabra creencia tiene el elemento de obediencia envuelta en sus brazos y lo opuesto de creencia bíblica es desobediencia. No pueden ser considerados como "evangélicos" los que enseñan la salvación por asentimiento mental sin un presente consecuente y sin una obediencia continua.

 

    Mi amigo fundamentalista nunca ha respondido a la explicación de estos versos. Espero que algún día él pueda ver más allá de las murallas de sus tradiciones fundamentalistas y vea la gran belleza de la iglesia y su pasado. Es muy difícil dar un vistazo sobre la muralla, pero muchos de nosotros lo hemos hecho, por gracia de Dios.  Muchos de nosotros no sólo dimos un vistazo sobre la muralla que nos rodeaba, sino que de hecho la escalamos y la saltamos, encontrando del otro lado la gloria de la Iglesia Católica.

 

Notas sobre los tiempos griegos aoristo y presente

 

- Tiempo Aoristo: EL tiempo aoristo se caracteriza en acción puntual; esto es, el concepto del verbo es considerado sin relación al tiempo pasado o presente o futuro. Los eventos descritos por el tiempo aoristo se pueden agrupar en varias categorías según los gramáticos, pero el sentido más común es siempre la idea de una acción que se comenzó en un cierto punto (“aoristo inicial”), o que se terminó en un cierto punto (“aoristo acumulativo”), o simplemente que existió en un cierto punto (“aoristo puntual”). La categorización de otros casos pueden ser encontrada en las gramáticas griegas.

 

- Tiempo Presente: De acuerdo con Dana y Mantey en su libro Un Manual de Gramática del Nuevo Testamento Griego “El significado fundamental del tiempo presente es la idea de progreso. Es el tiempo lineal... la fuerza progresiva del tiempo presente debería siempre de ser considerado como primaria, especialmente con referencia a los modos potenciales, que en la naturaleza del caso no necesitan de ningún tiempo “presente puntual”... Existen tres variedades de tiempo presente en las cuales su idea fundamental de progreso es especialmente patente.” Y cuando habla del presente progresivo explica: “Este uso se acerca a la idea principal del tiempo. Significa acción en progreso, o estado de persistencia...” En pocas palabras el tiempo presente expresa una acción en progreso en el tiempo presente.

 

- New Testament Greek (James Hewitt, B.A., B.D., M.A., Ph.D.; Hedrickson Publishers; 1986, page 13)

- Theological Dictionary of the New Testament by Gerhard Kittel, a renowned Protestant theological dictionary of ten volumes. Eerdmans, 1968

- An Expository Dictionary of New Testament Words by W. E. Vines (TN: Thomas Nelson Publishers, 1984)

 

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Por: P. José María Iraburu

 

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La Iglesia es santa: «una, santa, católica y apostólica». Es ésta una verdad primera de nuestra fe. La Iglesia es santa porque «Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla, purificándola con el baño del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, santa e inmaculada» (Ef 5,25-27).

 

De la santa Iglesia de Dios hablan ya, desde el principio, Ignacio de Antioquía, el Martirio de Policarpo, el Pastor de Hermas, la Carta de los Apóstoles (160-170, Denzinger-Hünermann=DS 1), los Símbolos bautismales de Roma (DS 10), de Jerusalén (DS 41), el Credo de Nicea, completado en Constantinopla (381: DS 150). La Iglesia ciertamente es santa y santificante, porque es el Cuerpo mismo de Cristo, su Esposa virginal, la Madre de todos los vivientes, o como dice el Vaticano II, el «sacramento universal de salvación» (LG 48b; AG 1).

 

La Iglesia es santa porque el Espíritu Santo es su alma, es santa por la eucaristía y los sacramentos, por la sucesión apostólica de los Obispos, por su fuerza espiritual para santificar laicos y sacerdotes, célibes y vírgenes, sobradamente demostrada en la historia y en el presente.

 

La Iglesia es santa, pero está siempre necesitada de reforma. Por eso la palabra reforma es tradicional en la Iglesia de Cristo. Nunca, por supuesto, en la tradición católica se habla de «re-forma» para expresar un «cambio de forma», pues la forma de la Iglesia, su alma, es el Espíritu Santo, que no cambia. Por el contrario, siempre se habla de reforma o bien como un «desarrollo» perfectivo de algunas formas precedentes, una «renovación», o bien como la «purificación» de ciertas doctrinas y prácticas que se habían desviado de la verdadera forma católica.

 

La Iglesia, por obra del Espíritu Santo, ha vivido en su historia muchas reformas de diversos géneros, alcances y promotores. Así podemos recordar, por ejemplo, la reforma de Cluny, la de San Gregorio VII, las reformas promovidas por los Reyes Católicos y el Cardenal Jiménez de Cisneros, la gran reforma del concilio de Trento, las reformas litúrgicas, las reformas realizadas por San Pío V, San Carlos Borromeo, San Pío X, y las impulsadas por San Bernardo, San Francisco, Santa Teresa de Jesús.

 

En el ámbito del protestantismo, los protestantes han considerado su escisión de la Iglesia en el siglo XVI como la Reforma por excelencia, y han considerado a sus fundadores como reformadores. La expresión «Ecclesia semper reformanda», empleada por el teólogo calvinista Gisbert Voetius en el sínodo de Dordrecht (1618-1619), vendría a ser por tanto un lema protestante. Pero bien sabemos nosotros, los católicos, que los protestantes, negando la autoridad apostólica, la libertad y el mérito, la necesidad de las buenas obras, el sacerdocio, el sacrificio eucarístico, la mayoría de los sacramentos, el culto a la Virgen y a los santos, los votos y la vida religiosa, la ley eclesiástica, etc., no fueron reformadores, sino grandes deformadores de la Iglesia y del cristianismo (cf. mi artículo, Lutero, gran hereje, 27-10-2008). Los católicos, pues, de ningún modo debemos cederles el uso de la palabra reforma, como si fuera propia de ellos.

 

A fines del XVIII, ciertos historiadores alemanes acuñan el término contrarreforma, que en el siglo siguiente se generaliza por influjo de Ranke. Pero con esa denominación la gran reforma católica iniciada en el XVI, la tridentina, aparece sólo como una mera reacción a la escisión protestante. De ahí que la Iglesia promueva más bien la expresión reforma católica, adoptada por Maurenbrecher en 1880 y difundida en las obras de Pastor. En tal expresión, la reforma de la Iglesia originada en Trento es ante todo fruto del Espíritu Santo y de las fuerzas internas de la misma Iglesia, siendo la escisión protestante sólo su ocasión histórica.

 

El concilio Vaticano II promueve importantes reformas, partiendo siempre del convencimiento de que «toda renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su propia vocación […] La Iglesia peregrina en este mundo es llamada por Cristo a esta perenne reforma (perennem reformationem), de la que ella, en cuanto institución terrena y humana, necesita permanentemente» (UR 6a). «Ecclesia semper reformanda» es, pues, un lema verdadero, ya que la Iglesia, que «encierra en su propio seno a pecadores, y es al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y la renovación» (LG 8c; cf. Gaudium et spes 43f). «Para conseguirlo, la Iglesia madre no cesa de orar, esperar y trabajar, a fin de que la señal de Cristo resplandezca con más claridad sobre la faz de la Iglesia» (LG 15). Así entiende la Iglesia su propia reforma.

 

El Cardenal Ratzinger, en su Informe sobre la fe (1985, fin cp. III), observa: «Debemos tener siempre presente que la Iglesia no es nuestra, sino Suya. […] Verdadera reforma, por consiguiente, no significa entregarnos desenfrenadamente a levantar nuevas fachadas, sino –al contrario de lo que piensan ciertas eclesiologías– procurar que desaparezca, en la medida de lo posible, lo que es nuestro, para que aparezca mejor lo que es Suyo, lo que es de Cristo».

 

¿Cuáles son en la historia de la Iglesia las causas que posibilitan o que exigen una reforma?


1.–A veces el progreso en un cierto campo de la vida eclesial promueve una reforma. Se hace ley entonces de aquello que de hecho, por obra del Espíritu Santo, se va viviendo, aunque con ciertas dificultades. Es, pues, la vida misma de la Iglesia la que hace posible y conveniente la norma. Así se produce, por ejemplo, en el Concilio de Elvira (306, can. 33) la norma del celibato sacerdotal. El Espíritu Santo, «el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad plena» (Jn 16,13).


2.–Pero más frecuentemente las reformas vienen a producirse cuando en las Iglesias se han producido desvíos doctrinales o se han establecido abusos intolerables –tolerados quizá durante siglos–, por ejemplo, en los beneficios clericales, en la investidura de los Obispos, en la vida de ciertas órdenes religiosas, en el modo de realizar el vínculo conyugal, en el uso injustificado de las armas, en lo que sea. Aquello que va mal en la Iglesia debe ser reformado. Aquello que va bien, no necesita ser reformado. Por ejemplo, «Cartusia nunquam reformata, quia nunquam deformata».

 

¿Necesita reforma la Iglesia en nuestro tiempo? Sin duda alguna, en muchas cosas y con gran urgencia. Es verdad que la pregunta es muy amplia y ambigua, pues hace referencia a asuntos diversos, complejos y delicados, que habremos de ir considerando con orden y cuidado. Pero lo que sí podemos afirmar ya desde ahora es que aquellas Iglesias locales que están mundanizadas, secularizadas, con más errores que verdades, arruinadas, sin vocaciones, en disminución continua, padeciendo en la mayoría de sus bautizados una apostasía generalizada y un alejamiento crónico de la Eucaristía, evidentemente necesitan una reforma profunda y urgente. Tienen que elegir: reforma o apostasía.

 

José María Iraburu, sacerdote

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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