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Por: Richbell Meléndez

 

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A menudo escuchamos a los protestantes o mejor dicho Elvidianos actuales decir que la Virgen María tuvo más hijos a partir de tener relaciones con San José, esto para rechazar el dogma de la Virginidad perpetua de María enseñado por el Cristianismo antiguo.

 

Esto lo dicen, sin tener algún fundamento bíblico para dicha afirmación, sólo tratan de rebuscar en algunos textos donde se habla de hermanos de Jesús (pero no hijos de María) o en otros textos donde se menciona a Jesús como el primogénito por lo que ellos entienden, si es primogénito entonces María tuvo más hijos. Lo cual es una falacia non sequitur.

 

Sin embargo ninguno de esos textos, enseña que María dejó de ser Virgen o de que tuvo relaciones con José, de hecho ya varios Padres de la Iglesia aclararon el verdadero sentido de dichos textos y los explicaron debidamente realzando la Virginidad perpetua de María. Por eso cuando un protestante afirme que Maria tuvo mas hijos porque San José tuvo relaciones con ella, tenemos que preguntarle: ¿cuándo ocurrió esto?

 

Seguramente el protestante recurrirá al texto de Mateo 1, 25 el cual dice "Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS."

 

El protestante esgrime el siguiente argumento, "el texto es claro alli dice que José conoció a María, es decir que tuvo relaciones con ella, por eso ella dejó de ser Virgen".

 

Como ya había mencionado, el protestante rebusca entre algunos textos para justificar su rechazo al dogma de la Virginidad perpetua de María y en ese rebuscar no se permite analizar el texto que quiere usar, porque si tomamos el sentido del texto como lo quiere ver el protestante, tendríamos que concluir que en el preciso tiempo después en que María dio a luz, San José decidió tener relaciones con ella. Pero esa conclusión es errada porque no se esta considerando el siguiente texto de Lucas 2, 22 donde se dice "Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor"

 

Es decir María tuvo que cumplir el ritual de purificación 40 días después de dar a luz, como lo señala también el texto de Levítico 12, 2-4

 

"Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda.

Y al octavo día se circuncidará al niño.

Mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación. " Levitico 12, 2-4

 

Por esa razón San José no conoció (tuvo relaciones) con María al dar a luz a Jesús como erradamente quieren entender los protestantes, de hecho San Jerónimo en el siglo V refuto ese errado razonamiento que también sostenía un hereje llamado Elvidio.

 

"Si usted es tan contencioso, sus propios pensamientos demostrarán ahora ser su amo. Usted no debe permitir que pase ningún tiempo entre el parto y la relación. Usted no debe decir, “Cuando de a luz una mujer y tenga un hijo, será impura durante siete días; será impura como en el tiempo de su menstruación. El octavo día será circuncidado el hijo, pero ella quedará todavía en casa durante treinta y tres días en la sangre de su purificación; no tocará nada santo”, [Lev. 12:2-3], y así en adelante.

 

En su presentación, José debe inmediatamente acercarse a ella, y ser sujeto del reproche de Jeremías, “Sementales bien gordos y lascivos, relinchan todos ante la mujer de su prójimo” [Jer. 5:8]. De otra manera, ¿cómo se pueden sostener las palabras, “no la conoció hasta que parió a su hijo,”, si él espera que expire el tiempo de otra purificación, si su lujuria debe soportar otra larga espera de cuarenta días?

 

La madre debe continuar sin purgar aún su impureza en cama, y el niño gimiente debe ser atendido por las parteras, mientras el esposo abraza a su exhausta esposa. Así debe iniciar su vida matrimonial para que el Evangelista no sea culpable de falsedad.

 

Pero Dios guarde que nosotros pensemos así de la madre del Salvador y de un hombre justo." (Contra Elvidio 10)

 

Por eso es que la interpretación o comprensión protestante para negar la Virginidad perpetua de María a partir de la expresión, "no la conoció hasta que" no se sostiene a la luz de la Sagrada Escritura y la patrística.

 

Los Cristianos podemos comprender el texto de Mateo 1, 25 de la misma manera que el Cristianismo lo comprendió, miremos por ejemplo el comentario que hace San Juan Crisóstomo a quien el erudito protestante Alfonso Ropero describe como alguien cuya "grandeza personal y espiritual va mucho más allá de su elocuencia, y la lectura de sus escritos pone de manifiesto su relevancia para el predicador todo líder cristiano actual.",

 

Esto es lo que nos enseña San Juan Crisóstomo respecto al texto de Mateo 1, 25 y como el Cristiano debe de entenderlo.

 

«Y una vez que la recibió: no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito. (Mt 1, 25) Puso el evangelista ese hasta no para que sospeches que más tarde la conoció José, sino sólo para que sepas que hasta el parto mismo fue virgen intacta.

 

Entonces ¿por qué dice: hasta que dio a luz? Con frecuencia se advierte en la Escritura este modo de hablar, de manera que no usa esa palabra para significar un tiempo definido. Y así, hablando del arca, dice: Ni regresó el cuervo hasta que se secó la tierra. Y tratando de Dios, dice: De un siglo hasta otro, tú eres, sin que por eso ponga término alguno. Y también profetizando dice: En sus días florecerá la justicia y la abundancia de paz hasta que se destruya la luna, pero no por esto pone término a la existencia de ese astro. Pues del mismo modo en este lugar puso hasta únicamente para asegurar lo que al parto había precedido, dejando a tu consideración el tiempo siguiente.

 

Dijo lo que tenía que decirte o sea que la Virgen hasta el parto permaneció intacta. En cambio, lo que de su afirmación se seguía como consecuencia, y además era bien claro, lo dejó a tu buen entender. Por cierto que aquel varón justo jamás se habría atrevido a tocar a aquella Virgen que tan maravillosamente había sido hecha Madre y había merecido tan nuevo y desacostumbrado embarazo.

 

Si la hubiera conocido y tomado y usado como mujer ¿cómo Jesús la hubiera encomendado al discípulo, como si ella no tuviera esposo, ordenándole que la tomara como a su madre?.»

San Juan Crisóstomo (347 – 407 d.C.). Homilía, Mateo V

 

¿Les parece familiar el argumento de San Juan Crisóstomo? es el mismo argumento que usamos los católicos para enseñar y defender la Virginidad perpetua de María. Lo cual confirma otra verdad que el protestante suele negar, los Padres de la Iglesia eran católicos y en comunión con el Obispo de Roma, como todo católico debe de ser.

 

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Richbell Meléndez, laico católico dedicado a la apologética, colaborador asiduo de distintas páginas de apologética católica y tutor de la escuela de apologética online DASM

 

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Por: Richbell Meléndez

 

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En los primerísimos siglos de la historia del cristianismo se registran pocas apariciones. Lo que no significa que no las hubiera: en una época en que la enseñanza de Jesús se difundía, con frecuencia en medio de muchas dificultades y contrastes, se comprende que hechos de este género, si los hubo, no siempre fueron transcritos o su recuerdo se perdió.

 

Las pocas apariciones de las que tenemos noticia se basan en tradiciones orales no documentadas: esto vale también para la aparición de la Virgen, que habría ocurrido tres días después de su asunción al cielo.

 

Algunos años más tarde, alrededor del 70 dC, se transmite que la madre de Dios apareció en Le Puy en Francia, a una mujer hacía poco convertida al Cristianismo. El lugar de la aparición: Una pequeña capilla recién construida. La mujer, que estaba gravemente enferma, se curó y enseguida se registraron milagrosas curaciones y apariciones en el lugar. Con el tiempo los Obispos aceptaron el culto mariano en Le Puy e hicieron construir allí una gran Iglesia, aun hoy meta de numerosos peregrinos. En 1860 sobre el monte que domina la ciudad se erigió una imagen de la Virgen de casi dieciséis metros de altura.

 

En los siglos II y III, se recuerda solo una aparición: la de la Virgen María acompañada por el apóstol Juan a Gregorio Taumaturgo en Nueva Cesárea, en el Asia menor. Gregorio y su hermano Atenodoro eran discípulos de Orígenes. Por invitación de la Madre de Dios, Juan le dio al futuro santo varias explicaciones en materia de fe.

 

Seguramente de cualquiera manera que se mire este acontecimiento no es posible dejar de reconocer en él un gran testimonio de la vida doctrinal de María en la Iglesia y del culto que a ella se tributaba en el siglo tercero. Este hecho es creíble verosímil y moralmente cierto. Creíble porque para no creer en las apariciones seria menester no creer en el Evangelio y los Apóstoles que refieren apariciones tales como las de los Ángeles las de Moisés y Elías las de Nuestro Señor a sus discípulos después de su Resurrección y a San Esteban y a San Pablo después de su Ascensión. Verosímil porque no hay nada en esta aparición que no sea conveniente y conforme a la razón cristiana. La de la Virgen y de San Juan es muy natural habiendo sido este discípulo instruido muy particularmente en los misterios del Verbo por Aquella en quien estos misterios se habían cumplido y todavía no es la Virgen misma la que instruye directamente a San Gregorio sino quien lo hace instruir por San Juan con la conveniencia de su sexo y la doble autoridad de su carácter de Reina de los Apóstoles y de Madre del Discípulo amado. Por lo demás nada singular ni novelesco en esta aparición ella tiene verdaderamente el carácter apostólico la sencillez y la grandeza.

 

Finalmente es moralmente cierta porque la profunda y universal impresión que ha hecho en la Iglesia el culto particular con que se ha perpetuado su memoria en Neocesárea el testimonio tan puro de San Gregorio de Niza y de San Basilio garantizando la verdad de esta relación con la autorizada boca de San Gregorio de Neocesárea y finalmente el carácter tan santo y tan venerable de aquel grande hombre todo concurre a que sea admitida.

 

Pero dado que no se creyera esta aparición a pesar de razones tan convincentes la creencia universal de que ha sido objeto en el tercer siglo atestiguaría por lo menos la alta idea que se tenía en aquellos primeros tiempos de la Santísima Virgen de su Soberanía apostólica de su acción espiritual en la Iglesia de su ministerio continuo de Madre y de Mediadora de la verdad. Por otra parte esto no es más que la realización visible del carácter atribuido a la Virgen Maria por la doctrina apostólica. Esta aparición sale de toda la doctrina anterior y vuelve a ella como una consecuencia y un efecto. Es la misma Virgen dando fe de sí misma como la daban los Doctores y los oráculos de la fe desde San Juan Si quieren leer más sobre las apariciones de la Virgen en la historia, les recomiendo leer los siguientes libros.

 

- Las apariciones de la Virgen Maria por Paola Giovetti

 

- La Virgen María viviendo en la Iglesia, 2 por Auguste Nicolás.

 

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Por: Richbell Meléndez

 

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Este tema de si María tuvo dolores de parto, ha creado controversia entre católicos actualmente en las redes sociales, algunos católicos han defendido la opinión teológica de que María no tuvo dolores de parto, fundamentando su postura en la Sagrada Escritura y la patristica. Lo cual es lo indicado que se debe de hacer para defender una opinión teológica, pero no se debe olvidar que una opinión teológica no es un dogma, por lo tanto puede existir otra opinión diferente. La cual debe de respetarse y considerarse siempre y cuando no niegue un dogma de fe.

 

Quiero aclarar que respecto a este tema de si María tuvo dolores de parto, me inclino mas a la postura de creer que no tuvo dolores de parto y que dio a luz de forma milagrosa, al igual que fue milagroso la concepción de Cristo. Sin embargo no por eso desestimo la opinión teológica de que María si tuvo dolores de parto. Ya que quienes la proponen o están a favor de esta, también se fundamentan en la Sagrada Escritura.

 

Dicho lo anterior, quiero presentar en este post, una aclaración referente a la postura de que María si tuvo dolores de parto, la cual consiste en aclarar que el afirmar que María tuvo dolores de parto, no rechaza ni contradice el dogma de la Inmaculada Concepción.

 

Una de las objeciones que presentan en contra de los dolores de parto de María es el siguiente argumento.

 

"La Virgen María fue preservada de pecado original y jamás pecó (La Inmaculada Concepción de María), por lo tanto no tendría dolores de parto ya que estos son consecuencia del pecado. El dolor del parto en la mujer es consecuencia de la unión carnal con el varón."

 

Respuesta: Se debe de aclarar que si bien la Iglesia profesa como dogma de fe mariano, la inmaculada concepción de María, no se debe de pensar que el parto o algunos dolores en el parto sean solo por resultado del pecado de Adam y Eva, es decir de la caída del hombre, ya que bien estos pueden ser parte del orden de la creación. Analicemos lo que Dios le dice a Eva.

 

Gén 3:16 A la mujer le dijo. -MULTIPLICARE los dolores de tus embarazos; con dolor darás a luz tus hijos; hacia tu marido tu instinto te empujará y él te dominará.

 

Génesis

 

La palabra hebrea que se usa en el texto es רָבָה (rabá) que según el diccionario Vine nos dice lo siguiente.

 

"rabah (רָבָה, H7235), «multiplicar, ser numeroso, engrandecer». Este verbo también se halla en acádico, arábigo, amorreo y arameo bíblico. En la Biblia hebraica se constatan unos 220 casos durante todas las épocas. El término debe compararse con gadal y rabab .

 

Básicamente, el vocablo expresa crecimiento numérico, como hecho y como proceso. Dios dice a las bestias del mar y del aire: «Fructificad y multiplicad» (Gén_1:22 : el primer caso). En Gén_38:12 el término indica la consumación de algo que fue numeroso (en este caso, años y días): «Pasados muchos años [lit. «y los días se multiplicaron»], murió Bat-súa, la mujer de Judá» (RVA ). Cuando se usa con «días», el vocablo también puede significar «larga vida»: «Y como arena multiplicaré mis días» (Job_29:18; cf. Pro_4:10). A veces rabah se refiere a aumentar riquezas y, en casos como este, el aspecto concreto siempre se especifica con claridad (cf. Deu_8:13 RVA : «Cuando se multipliquen la plata y el oro»)."

 

Entonces el dolor en el parto no es tanto consecuencia de la caída, sino que la consecuencia de la caída es el aumento de los dolores. Del mismo modo, se debe entender el trabajo que Dios le impone al hombre no es algo nuevo, lo nuevo es la carga de dificultad (fatiga) que ahora tendrá el hombre en el trabajo que Dios ya le había dado antes de la caída.

 

Gén 3:17 Al hombre le dijo. -Por haber escuchado la voz de tu mujer y haber comido del árbol del que te prohibí comer. Maldita sea la tierra por tu causa. CON FATIGA comerás de ella todos los días de tu vida.

 

Gén 3:18 Te producirá espinas y zarzas, y comerás las plantas del campo.

 

Gén 3:19 CON EL SUDOR DE TU FRENTE comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado, porque polvo eres y al polvo volverás.

 

Génesis 3, 17-19

 

Vemos entonces que Dios envía al hombre a trabajar con fatiga y esforzarse más con el sudor de su frente, sin embargo antes de la caída ya Dios le había dado trabajo al hombre.

 

Gén 2:15 El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén PARA QUE LO TRABAJARA y lo guardara;

 

Génesis 2, 15

 

Se debe de comprender que lo que sucedió como resultado de la caída no fue que el hombre trabajara, sino que el trabajo ahora seria fatigoso.

 

El asunto de los dolores de parto, es algo similar. En Génesis 3, 16 no dice que antes la mujer no tuviera dolores de parto y que este sería la consecuencia de la caída, lo que dice es que se aumentarían sus dolores.

 

Ahora bien los teólogos que están a favor de la opinión teológica de que María si tuvo dolores de parto, como el teólogo Antonio López explican que los dolores que María experimento en el parto ella los vivió con gozo no con sufrimiento.

 

"En el fondo este es un misterio de amor. Cuando entre los seres humanos hay amor de verdad, todo sufrimiento se suaviza y hasta se convierte en expresión natural que supera y en gran parte borra la aflicción. Si esto es así de manera natural entre los seres humanos, ¿qué sería de las realidades del amor místico e inmaculado de María nada menos que a su hijo, el Señor de la gloria? Piensa en los flechazos del ángel que traspasaron a Santa Teresa. Ella dice que eran dolorosos pero le daban un gran gozo que superaba el dolor. Entonces, el parto doloroso de María Santísima en el nacimiento de Jesús, que no era un mero ángel sino el mismo Dios, tenía que ser experimentado por María con un profundo sentido de amor gozoso. De ahí que sus dolores de parto tenían que ser para ella más expresión feliz de su identificación con su hijo Jesús que dolores meramente naturales. De ahí que María, en mi opinión, tuvo dolores de parto que en ella eran experimentados, con profundo amor e identificación maternal hacia su hijo Jesús, como profundo gozo."

 

Es un error pensar también que los dolores de parto son consecuencia de las relaciones sexuales, de hecho en base a este argumento el cual parte de un concepto negativo sobre el cuerpo y la sexualidad humana propios de la cultura de su tiempo fue que algunos Padres de la Iglesia opinaron que la Virgen no sufrió dolores de parto, pero en este tema la Iglesia no se ha definido infaliblemente.

 

En conclusión si María tuvo o no dolores de parto no afecta ni contradice los dogmas marianos de la Virginidad perpetua de María y la Inmaculada Concepción de María.

 

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¿Como Cristianos Católicos debemos de creer en todas las apariciones de la Virgen María, aprobadas por la Iglesia?

 

Las apariciones son signo de la presencia de Dios en el mundo, pero no añaden nada a la Revelación. No son dogmas de fe y por tanto los católicos no están obligados a creer en ellas. Sin embargo, la Iglesia, tras largos procesos de discernimiento y verificación, ha reconocido algunas apariciones como válidas o dignas de fe; pero, no de fe divina, como el contenido de la Revelación, sino de fe humana.

 

La Revelación se refiere a la comunicación de Dios con el hombre. Revelándose, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle (cf. CIC 52). La Iglesia distingue dos tipos de revelación: la Revelación contenida en la Biblia e interpretada por el Magisterio. Esta Revelación ya está completa. No se le puede añadir nada. Lo afirma el último libro de la Biblia, también llamado Revelación o Apocalipsis (Ap 22, 18). Después hay un segundo tipo de revelación, conocido como “revelaciones privadas”. Esto es porque Dios continúa manifestándose de distintas maneras, incluso de formas que pueden ser vistas y oídas por los sentidos humanos. Estas manifestaciones no son necesariamente apariciones, pero las apariciones están incluidas en esta categoría.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica (67) afirma: “A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Éstas sin embargo no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentido de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.

 

La fe cristiana no puede aceptar “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas Religiones no cristianas y también de ciertas recientes sectas que se fundan en semejantes 'revelaciones'”.

 

De hecho, aunque la Iglesia reconozca una aparición como válida o creíble, sigue siendo considerada y permanecerá siempre como “revelación privada”. Los católicos son libres de creer en esas apariciones, dado que la Iglesia las aprueba sólo porque están en armonía con las enseñanzas de la Iglesia. Pero nunca es obligatorio creer en ellas, puesto que la Revelación está completa en Cristo, y se cerró con la muerte del último Apóstol.

 

No olvidemos también estas palabras del Cardenal Francis Arinze: "Nuestra Fe no se basa en apariciones, se basa en la Biblia y en la Tradición apostólica. Las apariciones ayudan, pero no agregan nada a lo ya revelado, si son auténticas tan sólo refuerzan lo ya revelado"

 

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El pasaje de Mateo 1, 25 siempre ha sido un pasaje controvertido para aquellos que quieren negar la perpetua Virginidad de María creída por el Cristianismo en un consenso unánime. Ya en el siglo IV un hereje arriano llamado Elvidio quiso usar ese pasaje para alegar que la Virgen María tuvo relaciones sexuales con San José basándose en una errada interpretación del pasaje mencionado. Sin embargo esta objeción fue rechazada y refutada rotundamente por un erudito bíblico como lo fue San Jerónimo en una obra titulada "Contra Elvidio" donde responde a las objeciones de Elvidio contra la Virginidad perpetua de María.

 

En la edad media aparecieron otros herejes que quisieron resucitar los argumentos de Elvidio, sin embargo estos fueron refutados tanto por los Católicos como por los líderes de la reforma protestante como Lutero, Calvino, Zwinglio, etc. De hecho el mismo Calvino haciendo referencia a la refutación de San Jerónimo ante Elvidio dice que "Es suficiente decir que es insensato y falso deducir de estas palabras qué sucedió después del nacimiento de Cristo."

 

Ahora en la actualidad, existen protestantes quienes se han alejado mucho de las creencias de sus padres reformadores, estos han querido traer nuevamente los argumentos de Elvidio contra la Virginidad de María pero claro añadiendo otras "premisas" a las ya refutadas en el siglo IV. Como por ejemplo el apologista protestante Eric Svendsen quien es conocido por su anticatolicismo y antimarianismo es partidario de una tesis basada en el pasaje de Mt 1, 25 en su original griego, esta tesis la han adoptado algunos apologistas protestantes actuales. La tesis se puede establecer de esta forma.

 

"el problema con la aseveración católica es que el pasaje de Mateo 1:25 dice mas, el texto no dice solo εως (hasta), sino que la construcción es εως ου"

 

Esta tesis se basa en una teoría que quiere hacer una diferencia entre la expresión "εως" y "εως ου" pero hasta el momento no he encontrado ningún académico o erudito en griego que la avale. Mas esta tesis la refutan reconocidos eruditos griegos o expertos en la gramática o sintaxis griega, sin embargo sólo para refutar esa teoría citare lo que explica J. Gresham Machen. D.D., Litt. D. Profesor del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de Westminster.

 

"La frase εως ου en que εως es una preposición y ου el genitivo singular neutro del pronombre relativo, tiene el mismo sentido que εως; (conjunción) solo." (Griego del Nuevo Testamento para Principiantes - J. Gresham . p. 203)

 

Como ven, la premisa en la que se empeñan los protestantes de que la construcción gramatical de εως ου es diferente a la construcción gramatical de εως solo. Es insostenible al estudiar la gramática griega. Por esa razón, los apologistas católicos refutamos la premisa principal de Mt 1, 25 de que la palabra "hasta" no necesariamente indica un cambio de acción posterior, sino la finalidad de un evento.

 

Ya con esto queda refutada la polémica protestante de intentar usar el griego para engañar a los que desconocen el griego, pero como ven cualquiera que revise un buen manual de gramática griega se dará cuenta que la premisa protestante es insostenible.

 

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