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Por: Fray Nelson Medina

 

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Muchos nos han preguntado sobre los cuestionamientos éticos y de otro orden que surgen con respecto a las vacunas para COVID-19. Un artículo bien documentado y reciente del portal católico Aleteia nos da la siguiente información:

 

“Este artículo resume la doctrina oficial católica romana sobre la vacunación con vínculos a los documentos originales. El lector puede ver más abajo una lista actualizada de las diferentes vacunas contra el coronavirus y su asociación con líneas celulares derivadas de tejido fetal abortado.

 

Este documento no valora los riesgos y beneficios médicos de cada vacuna. En definitiva, la decisión final de vacunarse depende de cada individuo, pero los católicos están llamados a discernir esta elección tanto intelectualmente como desde la oración y considerar honestamente la orientación de la Iglesia.

 

¿Cuál es la doctrina católica sobre la vacunación? ¿Algunas vacunas están relacionadas con el aborto? ¿Qué sucede con la vacuna contra el coronavirus/COVID?

 

En un esfuerzo por ayudar a los fieles en su discernimiento en relación a la vacunación, la Iglesia católica ha ofrecido enseñanzas específicas sobre el uso de vacunas, incluyendo las vacunas producidas con y/o desarrolladas empleando líneas o cepas celulares derivadas de tejido fetal abortado. Estas vacunas también se conocen como “vacunas de línea celular fetal” o “vacunas de cultivo en células diploides humanas”.

 

La pandemia de COVID-19 ha generado una tremenda publicidad a la inquietud por las vacunas asociadas con tejidos fetales abortados, pero las cuestiones morales y éticas implicadas también se aplican a algunas vacunaciones infantiles rutinarias y otras vacunas en adultos. El Vaticano abordó formalmente este asunto por primera vez en 2005, cuando la Pontificia Academia para la Vida emitió el documento Reflexiones morales acerca de las vacunas preparadas a partir de células procedentes de fetos humanos abortados. La Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe también aprobó este documento.

 

En 2017, la Pontificia Academia para la Vida publicó un breve documento titulado Clarifications on the medical and scientific nature of vaccination(“Aclaraciones sobre la naturaleza científica y médica de la vacunación”). Esta aclaración se escribió en colaboración con la Conferencia episcopal italiana y la asociación de médicos católicos italianos Ufficio per la Pastorale della Salute. El documento de 2017 señala el descenso en los índices de vacunación en Italia, anima a vacunarse y concluye: “Creemos que se pueden aplicar todas las vacunas clínicamente recomendadas con la conciencia clara de que recurrir a dichas vacunas no significa una especie de cooperación con el aborto voluntario. Si bien nos comprometemos conjuntamente a garantizar que ninguna vacuna emplee material biológico procurado de abortos voluntarios para su preparación, reiteramos la responsabilidad moral de vacunarse, para que los niños y la población en general no corran graves riesgos para la salud”.

 

En respuesta a las vacunas contra la COVID-19, la Conferencia Episcopal católica de Estados Unidos (USCCB) publicó dos documentos nuevos, Moral Considerations of the New COVID-19 Vaccines (“Consideraciones morales de las nuevas vacunas contra la COVID-19”, el 11 de diciembre de 2020) y Answers to Key Ethical Questions About COVID-19 Vaccines (“Respuestas a cuestiones éticas clave sobre las vacunas contra la COVID-19”, el 1 de enero de 2021). Estos documentos reiteran los mismos conceptos debatidos en documentos anteriores con un énfasis específico sobre las vacunas contra la COVID-19. La Conferencia episcopal estadounidense llama a los católicos a elegir las marcas de vacunas que eviten el uso de vacunas asociadas con tejidos fetales abortados, peropermite el uso de vacunas con una asociación remota con el mal siempre y cuando no haya vacunas alternativas disponibles y la intención sea preservar la vida.

 

Mientras tanto, el Vaticano también ha hecho declaraciones sobre las vacunas contra la COVID-19. El 21 de diciembre de 2020, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una Nota sobre la moralidad del uso de algunas vacunas contra la COVID-19. En este documento, reiteran los conceptos de documentos anteriores, declarando que es lícito emplear vacunas contra la COVID-19 que estén asociadas con tejidos fetales abortados si no existe una alternativa razonable y que “el uso lícito de esas vacunas no implica ni debe implicar en modo alguno la aprobación moral del uso de líneas celulares procedentes de fetos abortados. Por lo tanto, se pide tanto a las empresas farmacéuticas como a los organismos sanitarios gubernamentales, que produzcan, aprueben, distribuyan y ofrezcan vacunas éticamente aceptables que no creen problemas de conciencia, ni al personal sanitario ni a los propios vacunados”.

 

El 29 de diciembre de 2020, la Comisión Vaticana COVID-19 y la Pontificia Academia para la Vida publicaron una declaración conjunta de 20 puntos sobre las vacunas contra la COVID-19 con el título: Vacuna para todos. 20 puntos para un mundo más justo y sano. Este artículo aborda amplias cuestiones relacionadas con las vacunas, desde la investigación y el desarrollo hasta las patentes y la explotación comercial, incluyendo la aprobación, distribución y administración.

 

A continuación, resumimos los aspectos éticos de las diferentes vacunas contra la COVID-19, además de otras vacunas comunes de la infancia y la adultez.

 

1. Pfizer: La vacuna contra el coronavirus o COVID de Pfizer/BioNTech, conocida como “BNT162b2”, se desarrolló empleando secuenciación genética en ordenadores sin recurrir a células fetales. La línea celular HEK-293 relacionada con el aborto se empleó en investigación relacionada con esta vacuna, pero no en los ensayos de la vacuna. Dicha línea celular derivó de células de riñón de un feto que fue abortado en 1973. Para la actual producción de esta vacuna no se requiere ninguna línea celular, fetal o de cualquier otro tipo. Esta vacuna se está utilizando actualmente y requiere de dos dosis. La vacuna de Pfizer/BioNTech necesita un almacenamiento “ultrafrío”, lo cual dificulta su distribución. Hoy en día, solamente se están considerando hospitales y grandes instalaciones como centros de distribución para esta vacuna.

 

2. Moderna: La vacuna “mRNA-1273” de Moderna no requiere cepas celulares fetales abortadas para su producción, pero sí se usaron cepas celulares fetales abortadas tanto en el desarrollo como en los ensayos de esta vacuna. Esta vacuna se usa actualmente y es más fácil de distribuir que la de Pfizer debido a sus menores exigencias de frío. También requiere dos dosis.

 

3. Johnson & Johnson:La vacuna contra la COVID-19 de J&J/Janssen sí usa la línea celular PER.c6 relacionada con el aborto para su producción en curso. Esta línea celular también se usó en el desarrollo y los ensayos de la vacuna. PER.c6 es una línea celular registrada propiedad de Janssen, una subsidiaria de Johnson & Johnson, que fue desarrollada a partir de células retinianas de un feto de 18 semanas abortado en 1985. Esta vacuna se usa en la actualidad. Se trata de una vacuna monodosis, a diferencia de las otras vacunas contra la COVID, que requieren 2 dosis.

 

4. AstraZeneca: La vacuna “AZD1222” de AstraZeneca/Universidad de Oxford sí emplea la línea celular HEK-293 en su producción. Esta línea celular también se usó en el desarrollo y los ensayos de la vacuna. La vacuna de AstraZeneca no está aprobada en Estados Unidos. Ha sido aprobada previamente en otros lugares, pero retirada de su uso en Estados Unidos debido a preocupaciones por su seguridad y eficacia.

 

5. Sanofi/GlaxoSmithKline: La vacuna Sanofi/GSK “COVAX” no está asociada con líneas celulares fetales abortadas en sus ensayos, desarrollo o producción. GSK produce esta vacuna empleando un virus modificado cultivado en células de insectos. Es probable que esta vacuna esté disponible al público en verano de 2021. La empresa Sanofi también está desarrollando una vacuna diferente contra la COVID que sí empleó en su fase de investigación la línea celular HEK-293 relacionada con el aborto.

 

¿Existen diferencias morales y/o éticas entre las vacunas que precisan de líneas celulares fetales para su producción en curso frente a las que usaron estas líneas celulares para sus ensayos o desarrollo? De ser posible, ¿deberían los católicos hacer una elección de marca para evitar la vacuna de Johnson & Johnson (que emplea líneas celulares fetales para su producción actual)?

 

Algunos obispos de Estados Unidos han realizado declaraciones formales respondiendo a esta pregunta. El 5 de marzo de 2020, un grupo de obispos en puestos de liderazgo dentro de la USCCB publicaron una declaración en el sitio web de la Conferencia episcopal estadounidense donde expresaban: “Si una persona puede elegir entre vacunas contra la COVID-19 de igual seguridad y efectividad, entonces debería escoger la vacuna con menos conexiones con líneas celulares derivadas de abortos. Por tanto, si se tiene la capacidad de elegir una vacuna, las vacunas de Pfizer o Moderna deberían escogerse antes que la de Johnson & Johnson”. Otros obispos han hecho declaraciones oficiales que no abordan la cuestión de la elección de marca y enfatizan que todas las vacunas disponibles contra la COVID-19 pueden usarse con la conciencia tranquila.

 

El Vaticano no ha hecho ninguna declaración oficial en relación a la vacuna contra la COVID-19 de Johnson & Johnson, aunque un miembro correspondiente de la Pontificia Academia para la Vida sí publicó una declaración personal donde decía que todas las vacunas son moralmente aceptables.

 

En un esfuerzo por disipar la confusión, el 5 de marzo, un grupo de destacados académicos católicos provida publicó una declaración que abordaba este asunto en profundidad en el sitio web del Centro de Ética y Políticas Públicas (Ethics and Public Policy Center) de Estados Unidos. Esta declaración fue publicada de nuevo por la Pontificia Academia para la Vida en su sitio web. En el texto dicen: “Como cuestión descriptiva, algunos defensores provida pueden preferir utilizar una vacuna en lugar de otra para dar testimonio contra el mal del aborto o para señalar un respeto especial por los bebés no nacidos cuyas vidas se perdieron. Insistimos en que coincidimos con el obispo Rhoades en que dicha elección es una cuestión de conciencia personal. Sin embargo, consideramos un error decir que estas vacunas son moralmente permisibles para su uso y al mismo tiempo que algunas son preferibles a otras. Nos parece que no hay ninguna distinción real entre las vacunas en cuanto a su conexión con un aborto que sucedió hace muchas décadas y, por tanto, el punto de partida moral es de equivalencia”.

 

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No, como ha sido enseñado por algunas denominaciones evangélicas. El “rapto” se refiere a un pasaje en la primera Carta a los Tesalonicenses, capítulo 4, que habla de que los cristianos son “arrebatados” en las nubes para encontrarse con el Señor en el aire. Muchos cristianos no católicos han malinterpretado este pasaje, y cierta literatura y películas han ayudado a difundir esta idea de que seremos "raptados" para encontrarnos con el Señor antes de la Gran Tribulación que se avecina, camino en un futuro próximo.

 

Según esta teoría, los cristianos simplemente desaparecerán, para encontrarse con Jesús en algún lugar de las nubes, y luego regresarán con él al cielo para esperar el fin de los tiempos. Pero fíjense, en el versículo 17, Pablo dice que “… nosotros los que vivimos, que aún estamos en la tierra”, seremos arrebatados…. Recuerde que ... aquellos que “todavía están en la tierra” serán arrebatados para encontrarse con el Señor.

 

Como muchos judíos del primer siglo, Pablo usó la expresión "dormirse" para describir la muerte. Se creía que el Seol , la morada de los muertos en el inframundo, era un lugar sin actividad física o mental, una forma extrema de animación suspendida donde incluso los reyes fallecidos eran consignados inmóviles a sus tronos (Isa. 14). En este estado, se entendía que los cristianos que murieron esperaban el regreso de Cristo en victoria y su propia resurrección en gloria.

 

Según Pablo, en el tiempo señalado y tan pronto como "en un abrir y cerrar de ojos" (1 Cor. 15:52), los muertos resucitarían. Entonces los vivos serían arrebatados o llevados inmediatamente después para encontrar a Cristo en las nubes (1 Tes. 4: 16-17). En la Vulgata, la Biblia latina primitiva, la palabra que se usaba para referirse a Dios que nos arrojaba al cielo era rapiemur , de la cual derivamos la palabra “rapto”. Para comprender lo que sucedería a continuación, debemos comprender la antigua idea de la parusía .

 

En el mundo grecorromano, una parusía era una celebración de la llegada de alguien distinguido. Puede ser una persona de rango político o militar o un dios representado por un ídolo y acompañado de sacerdotes. El calendario litúrgico de la iglesia celebra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos, una adaptación cristiana de una práctica preexistente. Es importante señalar que estas llegadas celebradas se planificaron con anticipación. A la hora señalada, aquellos que fueran visitados por la dignidad o deidad que llegaba saldrían por la puerta de la ciudad como señal de bienvenida y respeto. La gente del pueblo luego regresaría a la ciudad con el visitante de honor, junto con devociones o alegría.

 

Cuando la mayoría de los cristianos piensan hoy en el Rapto, se imaginan a los redimidos siendo raptados al cielo por Cristo como si tuvieran un boleto de ida. Pero cuando Pablo habló de ser llevado al encuentro de Cristo en las nubes, no fue con el propósito de volar al cielo, sino para recibir al Señor y regresar con él en gloria. Este momento representa la culminación del plan de Dios, el gran Eschaton , por el cual todos los cristianos oran cuando claman: "Venga tu reino". Nuestro mismo bautismo nos recordó este día: "Cuando el Señor venga, salid a recibirle con todos los santos del reino celestial".

 

Del mismo modo en cada celebración eucarística confesamos esperar la segunda venida de Nuestro Señor cuando decimos:

“Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días,

para que ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación,

mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro Salvador Jesucristo."

 

Esto es lo que creemos como católicos y siempre ha enseñado la Iglesia Católica.

 

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Una de las mayores objeciones contra la Iglesia Católica es la creencia de que, a lo largo de su historia, se ha opuesto e incluso obstaculizado los avances científicos realizados por el hombre. La retórica común es que la fe se opone a la razón y, por lo tanto, la Iglesia Católica es adversa a la razón para perpetuar su propia existencia. Esta afirmación, afortunadamente, no es cierta; y para quien conoce la historia de la Iglesia, es fácil ver que ella, en su sabiduría, declara que la fe y la razón no son opuestas, sino complementarias. La Constitución pastoral Gaudium et Spes establece:

 

“Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser.”. (Gaudium et Spes, 36)

 

Ciencia y Biblia

 

La Biblia es la revelación escrita de los planes de Dios para el hombre. Es a través de ella que el Señor reveló sus designios para la humanidad. Es el relato de la historia de la salvación que comenzó en el libro del Génesis y progresó hasta el Evangelio con el nacimiento, la muerte y la resurrección de Cristo, nuestro Salvador. Por tanto, es un error considerarlo como un mero libro de historia escrito por hombres, o como un relato de la historia natural del universo. Es, de hecho, la Historia de la Salvación del hombre, escrita por hombres, bajo la inspiración divina por el poder del Espíritu Santo.

 

Cuando meditamos sobre los eventos relatados en el Génesis, por ejemplo, debemos considerar que el mensaje principal revelado por Dios en ese libro no es un relato literal de cómo se crearon el Universo y la vida, no es un tratado científico. A través del Génesis, Dios nos habló en lenguaje humano, de manera que el hombre pudiera entender lo que quería comunicar, es decir, que Él es el creador del Universo y todo lo que contiene. Él es el Señor de todas las cosas, el único Dios Verdadero.

 

Tomemos, por ejemplo, la declaración de 1996 del Beato Juan Pablo II a la Pontificia Academia de Ciencias: "En su encíclica Humani generis (1950), mi predecesor Pío XII ya había afirmado que no había oposición entre la evolución y la doctrina de la fe sobre el hombre y su vocación, con tal de no perder de vista algunos puntos firmes (cf. AAS 42 [1950], pp. 575-576). ".

 

La Iglesia proclama que la Divina Revelación terminó en el Verbo Encarnado; Jesucristo. Pero también afirma que la comprensión de esta Revelación ha sido revelada a la Iglesia por el Espíritu Santo, su Guía, a lo largo de los siglos. Por lo tanto, desde que Charles Darwin fomentó la teoría de la evolución, la Iglesia católica no ha formulado una posición oficial o dogmática sobre la teoría de la evolución. Sin embargo, contrariamente a la creencia común, nunca negó que tal teoría mereciera crédito científico. Quizás por esta razón el libro de Charles Darwin El origen de las especies nunca se incluyó en el Index Librorum Prohibitorum.o Índice de libros prohibidos por la Iglesia. En el documento Humani Generis, el Papa Pío XII otorgó libertad académica para estudiar las implicaciones científicas relacionadas con la teoría de la evolución, siempre que no se violara ningún dogma católico como resultado. Evidentemente, esta postura refleja una cautela propia de la Iglesia, ya que sus pronunciamientos dogmáticos deben ser infalibles.

 

En ese mismo espíritu, el entonces Papa Juan Pablo II declaró a la Pontificia Academia de las Ciencias sobre el documento Humani Generis :

 

“Hoy, casi medio siglo después de la publicación de la encíclica, nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis. En efecto, es notable que esta teoría se haya impuesto paulatinamente al espíritu de los investigadores, a causa de una serie de descubrimientos hechos en diversas disciplinas del saber. La convergencia, de ningún modo buscada o provocada, de los resultados de trabajos realizados independientemente unos de otros, constituye de suyo un argumento significativo en favor de esta teoría.” (Mensaje a la Plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias (22 de octubre de 1996) 4)

 

En el mismo pronunciamiento, Juan Pablo II rechazó cualquier teoría de la evolución que proporcione una explicación materialista para el alma humana:

 

"En consecuencia, las teorías de la evolución que, en función de las filosofías en las que se inspiran, consideran que el espíritu surge de las fuerzas de la materia viva o que se trata de un simple epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre.” (5)

 

Allí vemos nuevamente la fidelidad de la Iglesia a las enseñanzas contenidas en las Sagradas Escrituras, ya que la Biblia nos enseña que Dios es el creador del Universo y de toda la vida contenida en él. Por tanto, es correcto decir que la vida humana no es el resultado de una selección aleatoria, o una consecuencia accidental de la evolución, sino la expresión concreta del deseo de Dios por la existencia del hombre.

 

En su comentario sobre el Génesis titulado "En el principio", el Papa Benedicto XVI, entonces cardenal Joseph Ratzinger, habló de la "unidad interior de la creación y la evolución y de la fe y la razón" y que estos dos dominios del conocimiento son complementarios, no contradictorios:

 

No podemos decir: creación o evolución, ya que estas dos cosas responden a dos realidades distintas. La historia del polvo de la tierra y el aliento de Dios que acabamos de escuchar no explica realmente cómo llegaron a ser los seres humanos, sino qué son. Explica sus orígenes más profundos y arroja luz sobre el proyecto que son. Y viceversa. La teoría de la evolución intenta comprender y describir la evolución biológica. Pero al hacerlo no puede explicar de dónde viene el “proyecto” de los seres humanos, ni su origen interno, ni su naturaleza particular. En esa medida, nos enfrentamos aquí a dos realidades complementarias, más que excluyentes. (Cardenal Ratzinger, “In the Beginning: A Catholic Understanding of the History of Creation and the Fall” (Eerdmans, 1995), p. 50.)

 

Posteriormente, el Papa Benedicto XVI en su homilía en la Vigilia Pascual de 2011 declaró que estaba mal pensar que en algún momento “en algún rincón diminuto del cosmos” evolucionaron aleatoriamente especies de seres vivos capaces de razonar y tratar de encontrar la racionalidad dentro de creación, o para darle racionalidad ".

 

Por tanto, es correcto decir que la Iglesia Católica hoy rechaza tanto la teoría del Creacionismo - que cree en la interpretación literal de lo que se relata en el Génesis - como el llamado Diseño Inteligente - que enseña que la evolución de la vida humana, como así como otras características del universo, se deben al factor inteligencia y no a una selectividad natural.

 

En la conferencia celebrada en marzo de 2009 por la Universidad Pontificia de Roma, con motivo del 150 aniversario de la publicación de El origen de las especies, en general, fue confirmada la ausencia de conflicto entre la teoría de la evolución y la teología católica, así como el rechazo del Diseño inteligente por los estudiosos católicos.

 

Por lo tanto, la Iglesia dejó en manos de los científicos cuestiones como la edad de la Tierra y la autenticidad del registro fósil. Los pronunciamientos papales, junto con los comentarios de los cardenales, aceptaron las conclusiones de los científicos sobre el surgimiento gradual de la vida. La posición de la Iglesia es que cualquier aspecto, por gradual que sea, debe haber sido guiado de alguna manera por Dios, aunque hasta ahora la Iglesia no ha definido cómo ocurrió esto.

 

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La vida humana es sagrada desde el momento de la concepción hasta el momento de la muerte natural. Desde sus primeros días hasta el presente, la Iglesia ha condenado constantemente el aborto porque es el asesinato deliberado de una vida humana inocente hecha a imagen y semejanza de Dios.

 

Los Diez Mandamientos dicen muy claramente: “No matarás” (Ex 20,13 ; Dt 5: 17). La enseñanza de la Iglesia que se remonta al siglo I Didache condena el aborto, una práctica que prevalecía mucho en la antigüedad griega y romana. El Concilio Vaticano II calificó el aborto y el infanticidio como "crímenes indecibles". De manera constante, la Iglesia ha dicho que el aborto provocado es un mal moral porque destruye deliberadamente una vida humana inocente hecha a imagen y semejanza de Dios. Por muy graves o trágicas que sean las circunstancias que rodean un aborto, nadie puede justificar el asesinato deliberado de un ser humano inocente.

 

Pero como nos recuerda Juan Pablo II en Evangelium Vitae, “Hoy, sin embargo, la percepción de su gravedad se ha ido debilitando progresivamente en la conciencia de muchos.”. (58) La creciente aceptación pública del aborto proviene, en parte, de la incapacidad de nuestra cultura para distinguir entre el bien y el mal moral. Algunos sienten que el aborto está justificado si se pone en peligro la salud de la madre o el nivel de vida de su familia. Otros reconocen que muchos, o incluso la mayoría, de los abortos están mal, pero son menos objetables si se realizan al principio del embarazo, especialmente antes de la implantación. Otro argumento más es que la Iglesia es inconsistente en su enseñanza de la prohibición de matar porque, en ciertas circunstancias, defiende el derecho a la legítima defensa, la guerra justa o la pena capital.

 

La enseñanza de la Iglesia es clara. El mandamiento « no matarás » tiene un valor absoluto cuando se refiere a la persona inocente." (57). Juan Pablo II nos dice que esta enseñanza no debe sorprendernos porque “matar un ser humano, en el que está presente la imagen de Dios, es un pecado particularmente grave. ¡Sólo Dios es dueño de la vida!”(55). Este llamado a proteger la vida humana inocente comienza en el momento en que se fertiliza el óvulo hasta el momento de la muerte natural. La vida humana recién concebida debe considerarse una persona humana porque es una vida humana distinta de la madre o el padre.

 

Pero, ¿y si la vida en cuestión no es inocente? ¿Cómo puede la Iglesia justificar el asesinato en caso de autodefensa o de la llamada "guerra justa"? Hay una larga historia de enseñanza de la Iglesia en estos temas basada en parte en el “valor intrínseco de la vida y el deber de amarse a uno mismo no menos que a los demás” (55) que requeriría una discusión mucho más larga. El Evangelio de la vida aborda específicamente un tema contemporáneo de la matanza de vidas humanas no inocentes.

 

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El apologéta católico y presidente de Ignatius Press, Mark Brumley ha escrito un gran libro titulado "The Seven Deadly Sins of Apologetics: Avoiding Common Pitfalls When Explaining and Defending the Faith" con el cual pretende ayudar a mejorar la apologética católica, en este libro Brumley examina las fallas más comunes contra las que los defensores de la Fe debemos cuidarnos, y nos muestra cómo evitarlas y superarlas.

 

En esta ocasión quiero compartirles un extracto de lo que Mark Brumley califica como el cuarto pecado mortal de la apologética: El ser contencioso.

 

«El Cuarto Pecado Mortal de la Apologética Católica es una vieja argumentación, o si te gusta, polémica. Algunos apologistas siempre están buscando una pelea. Ellos salen de su forma de reducir la fe a las áreas de desacuerdo con los demás o al menos poner indebida énfasis en el desacuerdo. Gracias a Dios que la polémica entre los católicos y los no católicos hoy en día no suelen implicar violencia y derramamiento de sangre (Irlanda del Norte exceptuado). Sin embargo, los católicos contenciosos (y sus contrapartes no católicos), que "rondan como leones buscando a quién devorar", aún pueden causar daños.

 

Desafortunadamente, el daño es usualmente a la causa de Cristo y su Iglesia, aunque muchos apologistas polémicos no lo verán o no lo querrán ver.

 

Obviamente, la conflictividad implica desacuerdo sobre las diferencias, aunque para la persona polémica bien practicada, no es necesario estar en desacuerdo con un hombre sobre algo para discutir con él: algunas personas simplemente no te dejan estar de acuerdo con ellos.

 

El problema para el apologista contencioso es que no sabe cómo manejar las diferencias cuando se trata de diferencias religiosas, hay tres opciones: podemos exagerar o acentúarlas; podemos ignorarlos o minimizarlos; podemos reconocerlas, darles su debido reconocimiento, pero mantenerlos en su lugar apropiado en el esquema de las cosas. El último es el mejor.

 

Por supuesto, pero tomarlo requiere hacer distinciones, que algunos apologistas, por exceso de celo o prejuicio, no siempre lo hacen. (...)

 

Los católicos deben defender a la Iglesia, porque creemos que la Iglesia Católica es la divinamente establecido sacramento de comunión con el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu. Pero no deberíamos estar a la defensiva. Debemos contender fervientemente por la Fe (Judas 3) sin ser polémico (ver Tito 3: 9, 1 Pedro 3:15).

 

Los apologistas católicos podemos caer en la polémica si tomamos desacuerdos personalmente. Eso puede sonar extraño si piensas en ser un apologista como una vocación, es una vocación que requiere objetividad y objetividad profesional o casi personal. Pero los apologistas son humanos también, lo que significa que también somos susceptibles a los intelectuales y golpes retóricos de quienes no están de acuerdo con nosotros.

 

Defender la Fe no debe ser sobre nosotros, sino sobre Dios y su verdad. Nosotros no deberíamos defender el catolicismo porque nuestra Iglesia está siendo atacada; esa es la actitud de los nacionalistas o sectarios. Menos aún deberíamos estar a la defensiva porque nuestras creencias personales son cuestionadas, como si la fe católica fuera simplemente una cuestión de nuestra privacidad filosofíca de la vida o teología personal. No, deberíamos defender a la Iglesia porque amamos a Dios y la Iglesia le pertenece a él, y porque amamos a nuestro prójimo, y a el.

 

La Iglesia, en la visión católica, es el medio que Dios le dio para llevar a las personas a su plenitud de comunión con Cristo, el único Salvador. Si realmente creemos eso, entonces la caridad nos obliga para compartir la verdad de la fe católica con los demás. (...)

 

Puedes preguntar: "¿Qué haces cuando tu oponente pronuncia tonterías contra Cristo o la Iglesia? "Es más fácil decir lo que no debes hacer. La regla general del católico, la guía de evidencia seguido nunca fue para hacer una broma a costa de alguien que ofrece una pregunta o comentario, incluso uno hostil o insensato. El mejor consejo en eso personalmente recibí de alguien que respeto, Karl Keating, quien dijo: "Deje que su oponente diga tonterias por sí mismo. Tu trabajo es presentar la verdad de manera tan elegante como sea posible. "»

 

Mark Brumley. The Seven Deadly Sins of Apologetics: Avoiding Common Pitfalls When Explaining and Defending the Faith. Catholic Answers, Inc. United States of America. 2014. p. 32-33.37

 

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